Bendición.

El signo de la aprobación divina de todo lo realizado en esos ocho días es la irrupción del fuego que sale de la presencia de Dios y devora el holocausto (24), idéntico a la aprobación y confirmación que recibe Elías como profeta del Señor en el monte Carmelo, delante de los profetas de Baal (1 Re 18,20-40). La aprobación y confirmación divinas también quedan ratificadas y reconocidas por todo el pueblo, que aclama y cae rostro en tierra (24). El culto israelita queda establecido con la bendición de Aarón, sumo sacerdote, y de Moisés (22s), con la presencia de la gloria de Dios (23b) y con la postración del pueblo (24b). Cualquier desviación de las estipulaciones confirmadas y aceptadas hasta aquí acarreará incluso la muerte, como muestra el relato del siguiente capítulo.

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