Tras el manual de animales puros e impuros, comestibles y no, se trata el parto. Al igual que la menstruación, acarrea la impureza ritual—no moral—debido a la presencia de sangre. El alum-bramiento acarrea para la mujer una doble prescripción: en primer lugar, aislarse de la comunidad, del culto, y abstenerse de tocar los objetos santos (4); el aislamiento varía según el sexo de la criatura (2-4.5-7). En segundo lugar, se ordena su purificación mediante el sacrificio de un cordero para el holocausto y de un pichón o una paloma para el sacrificio expiatorio (6). El versículo 8 nos resulta familiar, ya que dos tórtolas o pichones fueron lo que María pudo ofrecer como purificación por el nacimiento de Jesús (cfr. Lc 2,22-24), una concesión para las mujeres más pobres.
