Enfermedades de la piel.

En línea con la función sacerdotal de separar lo sagrado de lo profano, lo puro de lo impuro (10,10), aquí se presenta una compleja casuística sobre las posibilidades de impureza derivadas de una afección física relacionada con la piel. Aún no se ha establecido qué tipo de afecciones cutáneas se mencionan aquí; el hebreo utiliza un término genérico que algunos traducen por lepra, pero podría tratarse de alguna otra afección, como una dermatitis, una psoriasis o un eczema, que obviamente están muy lejos de tener un tratamiento semejante al de la lepra. En todo caso, el afectado debía seguir puntualmente las indicaciones del sacerdote, quien debía ser experto en esas cuestiones. Lo más terrible que podía pasarle al enfermo era ser declarado efectivamente leproso, pues ello implicaba el aislamiento total de la comunidad con las características que prescribe el versículo 46.

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