Palabras de consuelo a Jerusalén.

El profeta anima y consuela a los justos que escuchan al siervo, recordándoles a sus antepasados, Abrahán y Sara, a quienes, siendo estériles, Dios les dio una descendencia numerosa (2). Es el Señor, el creador (9) y libertador (10), quien asegura la victoria a los que permanecen fieles a su palabra (7) y los guía, entre cánticos de alegría, de regreso a Jerusalén (11). La intención del profeta es despertar al pueblo que ha experimentado la ira de Dios (17). La consecuencia de su pecado es la desorientación propia de los borrachos (21). Ahora la «copa de la ira» será puesta en manos de Babilonia, que también tendrá que purgar sus faltas (23; cfr. Jr 13,13; 25,15-18; 48,26; 49,12).

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