Despierta, Sión.

Jerusalén, que se creía abandonada por el Señor (Is 49,14), ahora es invitada a vestirse de gala para celebrar, pues el Señor la libera del yugo de la esclavitud. Como ya lo había hecho ante la opresión de Egipto y Asiria, Dios libera, ahora, a su pueblo de la opresión de Babilonia.

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