Tercer cántico del siervo: Sufrimiento y confianza.

A diferencia de los otros cánticos, aquí el Siervo se introduce a sí mismo (4-9). Como discípulo y profeta, está íntimamente vinculado a la Palabra de Dios: la escucha con atención y la proclama valientemente. No se amedrenta ante los insultos y golpes. Confía en que el Señor lo defenderá (8-9). Las dificultades que el siervo había encontrado para cumplir su misión en el segundo cántico se vuelven más concretas en este, que funciona como un puente hacia el cuarto. Respetar al Señor implica obedecer a su siervo (10). Quienes siembran discordia y violencia (atizan el fuego) contra la palabra profética se destruirán a sí mismos y serán castigados por el Señor: «Así os tratará mi mano» (11).

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