Muerte de Isaac.

A punto ya de iniciar la historia de los hijos de Jacob/Israel, el redactor o los redactores nos informan de tres asuntos que consideran importantes:
1. Plantea la razón por la cual Rubén será maldecido en 49,3s (22), una forma de expresar por qué Rubén, siendo el primogénito de Jacob, no heredó la bendición ni las promesas. Tampoco Ismael, primogénito de Abrahán, fue su heredero, ni Esaú lo fue de Jacob, un dato curioso pero cargado de sentido teológico para ellos.
2. Establece la lista completa de los doce hijos de Jacob y resalta su común herencia aramea, a pesar de que provienen de distintas madres.
3. Cierra el ciclo de Isaac, que aún permanece abierto. Isaac muere anciano y colmado de años (29) y es enterrado por Jacob y Esaú, reunidos aquí porque, a pesar de lo que haya sucedi-do entre ellos, el tronco de origen sigue siendo común a ambos aunque sus destinos sean completamente diferentes. Hay que recordar que el número de años no guarda una relación directa con la cantidad de años, sino con la calidad de vida. El número ciento ochenta refuerza la idea de «anciano y colmado de años», lo que le permite «reunirse con los suyos» con tranquilidad». Estas frases son la forma más tranquila y común de asumir la realidad de la muerte de un anciano, lo cual no sucede con la de una persona joven, que, en general, se considera un signo de maldición.

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