En línea con la pureza de la asamblea del Señor, encontramos esta ley sobre la pureza individual (10-12) y la del lugar del campamento (13-15). La justificación se basa en la pureza y la santidad de Dios, que «anda por el campamento para darte la victoria» (15), por lo cual todo debe estar purificado y santificado. Es la manera en que se concibe la íntima relación entre la santidad de Dios y la de quienes se dedican a su servicio, en este caso, una asamblea especialmente dispuesta para la guerra.
