La Jerusalén futura no solo podrá contar con una primacía militar.

Ya en 12,10 anunciaba la efusión del Espíritu de gracia y de súplica como anticipo de lo que también formará parte de la ciudad futura: la purificación de los pecados e impurezas, incluyendo el mismo culto (1), porque se extirparán del país los ídolos y sus profetas, considerados automáticamente falsos (2), hasta el punto de que incluso los mismos familiares de estos profetas se encargarán de perseguirlos. La mención de las heridas en los brazos (6) alude a prácticas de incisión en la piel para alcanzar el trance y obtener visiones. El contexto nos ayuda a entender que en la Jerusalén del futuro no habrá profetas falsos, porque los ídolos a quienes sirven serán extirpados.

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