Jacob vuelve a Betel.

La necesaria retirada de Siquén se somete a la voluntad divina: es Dios quien ordena el traslado a Luz, ciudad cananea que recibe el nombre de Betel (15), del mismo modo que Jacob mismo recibirá el nombre de Israel (10).
Este relato tiene una importancia especial para los habitantes del reino del norte, ya que para ellos no solo era esencial el paso del patriarca Jacob por Betel, sino también su asentamiento allí. En el reino del sur, Bet-Seba y Hebrón tienen un interés teológico especial. Hay que recordar que, cuando se produjo la división del reino (931 a. C.), Jeroboán I partió exactamente de Siquén, donde está congregado todo el pueblo, y su primer lugar de residencia fue precisamente allí, realizando gestos semejantes a los de su antepasado: erigió un altar y lo consagró al dios de Israel (1 Re 12,25-33). En cualquier caso, se trata de leyendas y tradiciones con las que se intenta alimentar la fe israelita y mantener su identidad en una tierra que, para ellos, sigue siendo ajena.

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