Tal como estaba anunciado en 32,7, Esaú marcha hacia Jacob con cuatrocientos hombres, lo cual indica que la intención inicial no es tener un encuentro pacífico. Sin embargo, si había alguna intención bélica por parte del hermano mayor, esta queda completamente desplazada por el sentimiento fraterno al ver a su hermano que se acerca dando señales de sumisión, esto provoca que Esaú bese y llore, y que reconozca implícitamente los efectos de la bendición que porta el hermano menor, traducida en mujeres, hijos y ganados.
Jacob no se sentirá del todo bien hasta que su hermano acepte los dones y presentes, de los cuales se siente, hasta cierto punto, deudor (9-11). Al aceptar los dones de su hermano, Esaú también pretende caminar al lado de Jacob (12). Pero está claro que ambos hermanos deben seguir caminos distintos. De nuevo, Jacob decide, astutamente, caminar a pie. Esaú regresa a Seír, al oriente del Jordán, mientras que Jacob se dirige a Sucot, al occidente del Jordán, y luego a Siquén, donde planta su tienda en un campo comprado (19) y levanta un altar para dedicarlo al Dios de Israel (20), con lo cual queda ratificada su conexión con Abrahán. La estadía de Jacob en Siquén será solo temporal; el redactor la utiliza para conectar su historia con la de Abrahán.
