Los versículos 2s preparan el episodio de la lucha de Jacob con un ángel de Dios que, en definitiva, resulta ser Dios mismo (25-31), y el cambio de su nombre por el de Israel (29). El viaje de Jacob y la estrategia que utiliza para instalarse de nuevo en tierra de Canaán preparan el encuentro con su hermano Esaú (4-25).
Una vez más, el redactor destaca la astucia de Jacob, ya anticipada desde su nacimiento y a la que debe su nombre; pero ha llegado el momento de cambiarlo por otro que le definirá para siempre. A su astucia se añadirá ahora la capacidad de luchar hasta la victoria, definida como la lucha contra dioses y hombres (29).
Todo el pasaje revela una total sintonía de Jacob con la voluntad de Dios, y una cierta necesidad interior de reconciliarse con su hermano, engañado y despojado de sus derechos de pri-mogenitura (25,29-34) y de la bendición (27,1-29). Esa bendición, aunque ya se ha visto de un modo tangible en la prosperidad material y en la numerosa descendencia –ya son doce los hijos–, no está completa ni se completará de modo definitivo hasta que no haya reconciliación y paz con su hermano y vecino, Esaú. Los versículos 10-13 constituyen una de las oraciones más hermosas de la piedad israelita.
