Consecuente con el criterio del Señor de que ninguno de los que salieron de Egipto entraría en la tierra prometida –con la única excepción de Josué y Caleb–, el redactor incluye en esta sección netamente legislativa (capítulos 27–30) el anuncio del fin de Moisés y los preparativos para investir a Josué como guía sustituto. La sobriedad del diálogo entre el Señor y Moisés constituye un ejemplo paradigmático para los guías y líderes de cualquier comunidad, ya sean religiosos o políticos. Moisés es consciente de que no es indispensable, y la única preocupación que presenta al Señor es que sea el mismo Señor quien elija a uno del pueblo para que asuma sus funciones. No está el proyecto personal del líder por encima del proyecto del pueblo; es el proyecto del pueblo el motivo de las preocupaciones y afanes del líder.
