Destrucción de Madián.

Este capítulo retoma 25,16-18, donde, en efecto, se recibe la orden de atacar a los madianitas, un pueblo con el que Moisés tuvo, al principio, buenas relaciones (cfr. Éx 2,15s). El motivo de la guerra contra este pueblo, según lo expuesto en el mismo texto, es que propiciaron la idolatría de los israelitas, al rendirle culto a Baal-Fegor y al acostarse con las mujeres consagradas a dicha divinidad. El capítulo 25 nos narraba el castigo divino propinado a Israel; este capítulo, el castigo dirigido contra los madianitas. Hay una mención negativa de Balaán (8.16); el mismo que había bendecido a Israel rehusando enriquecerse con las ofertas de Balac, rey de Moab, está ahora interesado en la maldición de los israelitas.
Esta represalia desmesurada y cruenta contra los madianitas no debe tomarse literalmente. Estos relatos deben ser entendidos en su contexto y en el conjunto de preocupaciones e inten-cionalidades teológicas de sus redactores. Nunca pueden ser un argumento para promover la violencia o la intolerancia religiosa. Ingenuamente, a veces se habla de «guerra santa», como si la guerra y la santidad fueran compatibles. Toda guerra o todo acto violento es condenable, por más que el nombre de Dios esté de por medio.

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