Sabiduría 18:7
Tu pueblo esperaba ya la salvación de los justos y la perdición de los enemigos,
Aquella noche se les anunció de antemano a nuestros padres para que tuvieran ánimo, al conocer con certeza la promesa de que se fiaban.
Juicio de los primogénitos Cuando decidieron matar a los niños de los santos –y se salvó uno sólo, abandonado–, en castigo les arrebataste sus hijos en masa, y los eliminaste a todos juntos en las aguas enfurecidas.
Los otros merecían quedarse sin luz, prisioneros de las tinieblas, por haber tenido recluidos a tus hijos, que iban a transmitir al mundo la luz incorruptible de tu ley.
Entonces les proporcionaste una columna de fuego que los guiara en el viaje desconocido y un sol inofensivo, para su viaje glorioso.
les daban las gracias porque no se desquitaban de los malos tratos recibidos y pedían perdón por haber estado enemistados.
Tus santos, en cambio, tenían una luz magnífica; los otros, que oían sus voces sin ver su figura, los felicitaban por no haber padecido;
sobre ellos solos se cernía una noche agobiante, imagen de las tinieblas que los esperaba. Pero ellos eran para sí mismos más insoportables que las tinieblas.
El mundo entero, iluminado por una luz radiante, se entregaba sin trabas a sus tareas;
el golpe seco de las rocas al precipitarse, la invisible carrera de los animales retozando, el rugido de las bestias más feroces, el eco retumbante en las cavernas de los montes los dejaba paralizados de terror.