VIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO SÁBADO
LA SEMILLA DE LA PALABRA
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Te damos gracias por hablarnos
la palabra de tu Hijo Jesucristo
y por sembrar en nuestras mentes y corazones
las semillas de la fe.
Abre nuestros oídos, día a día,
a la semilla de su palabra,
para que vaya creciendo en nosotros
con mezcla de dolor, esfuerzo y alegría.
Que la palabra arraigue cada vez más profundamente
en nuestros corazones
y dé frutos de justicia y amor,
hasta la segunda venida de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
¿Cómo resucitarán los muertos? La persona muere, pero muere como una semilla, y de esa semilla nace una nueva planta que se alza gloriosa.
¿Cómo resucitan los muertos?
Pero preguntará alguno: ¿Cómo resucitan los muertos?, ¿con qué cuerpo salen?
¡Necio! Lo que tú siembras no llega a tener vida si antes no muere.
Lo que siembras no es la planta tal como va a brotar, sino un grano desnudo, de trigo o de lo que sea;
Así pasa con la resurrección de los muertos:
se siembra corruptible, resucita incorruptible; se siembra miserable, resucita glorioso; se siembra débil, resucita poderoso;
se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Si existe un cuerpo natural, existe también un cuerpo espiritual.
Así está escrito: el primer hombre, Adán, se convirtió en un ser vivo; el último Adán se hizo un espíritu que da vida.
No fue primero el espiritual, sino el natural, y después el espiritual.
El primer hombre procede de la tierra y es terreno, el segundo hombre procede del cielo.
El hombre terrenal es modelo de los hombres terrenales; como es el celeste modelo de los hombres celestes.
Así como hemos llevado la imagen del hombre terrestre, llevaremos también la imagen del celeste.
Salmo Responsorial
R. (cf. 14c) Caminaré en presencia del Señor.
Yo sé bien que el Señor está conmigo;
por eso en Dios, cuya promesa alabo.
Sin temor me confío.
¿Qué hombre ha de poder causarme daño? R.
R. Caminaré en presencia del Señor.
Te debo, Señor, las promesas que te hice,
te las cumpliré con acción de gracias,
porque libraste mi vida de la muerte,
mis pies de la caída,
para que camine en la presencia de Dios,
mientras tengo la luz de la vida. R.
R. Caminaré en presencia del Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dichosos los que cumplen la palabra del Señor
con un corazón bueno y sincero
y perseveran hasta dar fruto.
R. Aleluya.
Evangelio
Leemos hoy la versión de Lucas de la parábola de la semilla. En la intención original de Jesús la parábola describe el crecimiento difícil y progresivo del Reino hasta su plenitud. El evangelista compara la parábola con la recepción de la palabra de Dios y la vida de fe en el corazón de la gente. Dios siembra la semilla, pero todos la recibimos de distinta manera y reacciones de diversa forma. Dios espera que la hagamos crecer y permanezcamos fieles a ella incluso en los momentos difíciles de la vida. ¿Cómo crece y da fruto en nosotros la palabra de Dios?
Parábola del sembrador
Se reunió un gran gentío y se añadían los que iban acudiendo de una ciudad tras otra. Entonces les propuso una parábola:
—Salió el sembrador a sembrar la semilla. Al sembrar, unas semillas cayeron junto al camino; las pisaron y las aves del cielo se las comieron.
Otras cayeron sobre piedras; brotaron y se secaron por falta de humedad.
Otras cayeron entre espinos, y al crecer los espinos con ellas, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra fértil y dieron fruto al ciento por uno.
Dicho esto, exclamó:
—El que tenga oídos que escuche.
Los discípulos le preguntaron el sentido de la parábola,
y él les respondió:
—A ustedes se les concede conocer los secretos del reino de Dios; pero a los demás se les habla en parábolas:
Para que viendo, no vean,
y escuchando, no comprendan.
El sentido de la parábola es el siguiente:
La semilla es la Palabra de Dios.
Lo que cayó junto al camino son los que escuchan; pero enseguida viene el Diablo y les arranca del corazón la palabra, para que no crean y se salven.
Lo que cayó entre piedras son los que al escuchar acogen con gozo la palabra, pero no echan raíces; ésos creen por un tiempo, pero al llegar la prueba se echan atrás.
Lo que cayó entre espinos son los que escuchan, pero con las preocupaciones, la riqueza y los placeres de la vida se van ahogando y no maduran.
Lo que cae en tierra fértil son los que escuchan la palabra con un corazón bien dispuesto, la retienen y dan fruto gracias a su perseverancia.
Oración de los Fieles
– Señor, da sabiduría y valor a todos los maestros y predicadores en la Iglesia, para que nos ayuden a entender tu Palabra y la proclamen como Buena Noticia de Salvación; por eso te decimos.
– Señor, inspira con tu Palabra a todos los poderosos de la tierra, para que aúnen fuerzas y lleven a todos paz duradera, alimento y dignidad humana; por eso te decimos.
– Señor, haz que seamos receptivos a tu Palabra. Líbranos de la superficialidad y del miedo a perder nuestras seguridades y certezas. Danos una nueva actitud para acoger tu mensaje, y para vivir con coherencia según lo que firmemente creemos; por eso te decimos:
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Acepta en este pan y este vino
nuestro anhelo de recibir a tu Hijo
y escuchar su Palabra
con corazón noble y generoso.
Dánoslo como nuestro compañero de camino;
que él siga hablándonos
en la gente y en los acontecimientos de la vida.
Y que ojalá lo acojamos gozosamente
y, como consecuencia, demos rica cosecha de vida
que dure y se perpetúe
por los siglos de los siglos.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Que nuestras palabras y obras
sean el eco del mensaje de tu Hijo
y nos llenen con su vida.
Haz nuestras palabras humanas dignas de fiar
y que sirvan a la unidad y a la verdad.
Derrama sobre ellas tu compasión,
tu amor y tu alegría
para que nos den fuerza,
buena actitud y amistad,
por el poder de Jesucristo,
tu Palabra viva y Señor nuestro.
por los siglos de los siglos.
Bendición
Hermanos: Que la semilla de la palabra de Dios caiga en el buen terreno de nuestros anhelantes y receptivos corazones. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Sant, descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.
