VIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
TODOS COMPAÑEROS
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Los hombres y mujeres, juntos,
son igualmente responsables
de la vida de fe de nuestras comunidades cristianas.
Igual que aquellas mujeres del Evangelio
Que eran discípulas de Jesús
y compañeras suyas de camino,
que las mujeres de nuestras comunidades
tengan también hoy un papel importante
en la vida de la Iglesia
con su identidad y sus cualidades peculiares,
para que la misma Iglesia crezca
y su fe sea viva e imbuida de amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Primera Lectura
Verdaderamente, Cristo vive. Resucitó. Y si resucitó, nosotros también resucitaremos con él. Las dos cosas van juntas. Sin la resurrección de Cristo y sin la nuestra, nuestra fe es vana y vacía.
También nosotros resucitamos
Ahora bien, si se proclama que Cristo resucitó de la muerte, ¿cómo algunos de ustedes dicen que no hay resurrección de muertos?
Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo ha resucitado;
y si Cristo no ha resucitado, es vana nuestra proclamación, es vana nuestra fe.
Y nosotros resultamos ser testigos falsos de Dios, porque testimoniamos contra Dios diciendo que resucitó a Cristo siendo así que no lo resucitó, ya que los muertos no resucitan.
Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado.
Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es ilusoria, y sus pecados no han sido perdonados,
y los que murieron como cristianos perecieron para siempre.
Si hemos puesto nuestra esperanza en Cristo sólo para esta vida, somos los hombres más dignos de compasión.
Ahora bien, Cristo ha resucitado de entre los muertos, y resucitó como primer fruto ofrecido a Dios, el primero de los que han muerto.
Salmo Responsorial
R. (15b) Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
Señor, hazme justicia
y a clamor atiende;
presta oído a mi súplica,
pues mis labios no mienten. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes.
Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras;
muéstrame los prodigios de tu misericordia,
pues a quien acude a ti, de tus contrarios salvas. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos,
bajo la sombra de tus alas escóndeme,
pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro
y al despertarme, espero saciarme de tu vista. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.
Evangelio
Lucas es el evangelista que describe la contribución de las mujeres a la misión de Jesús. Él las reconoce en su dignidad y las visibiliza en una sociedad que las tenía como inferiores. Acompañaron a Jesús desde el comienzo de su ministerio y gozaron de una condición o posición no muy distanciada de la de los Doce. Después de la Resurrección, ellas fueron las primeras en proclamar que Cristo había resucitado.
Mujeres que siguen a Jesús
A continuación fue recorriendo ciudades y pueblos proclamando la Buena Noticia del reino de Dios. Lo acompañaban los Doce
y algunas mujeres que había sanado de espíritus inmundos y de enfermedades: María Magdalena, de la que habían salido siete demonios;
Juana, mujer de Cusa, mayordomo de Herodes; Susana y otras muchas, que los atendían con sus bienes.
Oración de los Fieles
– Para que la contribución de las mujeres a la construcción de la comunidad eclesial sea apreciada tanto como la de los hombres, roguemos al Señor.
– Para que las mujeres en la Iglesia sigan enriqueciéndonos a todos con el calor de su ternura, amabilidad y entrega generosa, roguemos al Señor.
– Para que las mujeres en la Iglesia nos inspiren a todos por su sentido de acogida, por su fe y fidelidad, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor y Dios nuestro:
Queremos ser compañeros de tu Hijo
que comparte su mesa con nosotros,
y con él y por él queremos llegar a ser
una sola mente y un solo corazón.
Que los padres y madres en nuestras familias
pongan a disposición de sus hogares
sus dones de mente y corazón
y nutran a sus hijos con el alimento de la fe
y el calor del amor y la compasión.
y que ayuden eficazmente a sus hijos
a vivir como buenos cristianos,
muy cercanos a Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Hemos sido compañeros de tu Hijo
al comer de esta mesa eucarística.
Haznos también sus compañeros
en el viaje de la vida
para que podamos proclamar
a la gente que encontramos
la Buena Nueva del perdón y de la vida.
Y que atinemos a hacer de nuestras comunidades
auténticos signos y anticipo del Reino de Dios.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hemos escuchado en el Evangelio que las mujeres que acompañaban a Jesús “lo servían”. Jesús vivió entre nosotros “como quien sirve” Por eso nosotros, hombres y mujeres, debemos servir también, con él y como él, a todos nuestros hermanos. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
