VIGESIMOCUARTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MARTES

“JOVEN, ¡LEVÁNTATE”

Otras Celebraciones para este Día:

Ciclo del Leccionario: II

Introducción

Oración Colecta
Oh Dios nuestro, fuente y culmen de Vida:
En ti no hay contradicción entre unidad y diversidad,
pues las tres divinas personas son necesarias
para revelarte y expresarte totalmente como un solo Dios.
Tú nos enriqueces a cada uno de nosotros con dones
y con personalidades diferentes,
obra del mismo Espíritu Santo.
Danos a todos y a cada uno de nosotros
la mentalidad y las actitudes
de nuestro Señor Jesucristo, única cabeza del Cuerpo,
para que juntos contribuyamos,
con las riquezas y diversidad de talentos recibidos,
a edificar tu Iglesia,
que es el único Cuerpo místico
de tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura

1 Corintios 12, 12-14. 27-31

Lo que hace bello, y al mismo tiempo funcional, al cuerpo, es la variedad de sus miembros. Variedad significa diversidad de talentos, carismas y funciones que se deben coordinar para el bien del todo. Como administradores de los dones de Dios que hemos recibido, estamos llamados a poner nuestros dones al servicio de la comunidad, de su mayor bien y no del nuestro. ¿Qué clase de administradores somos?

12

Como el cuerpo, que siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así también Cristo.

13

Todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, y hemos bebido un solo Espíritu.

14

El cuerpo no está compuesto por un miembro, sino por muchos.

27

Ustedes son el cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese cuerpo.

28

Dios ha querido que en la Iglesia haya en primer lugar apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros, luego vienen los que han recibido el don de hacer milagros, después el don de sanaciones, el don de socorrer a los necesitados, el de gobierno, y el don de lenguas diversas.

29

¿Son todos apóstoles?, ¿son todos profetas?, ¿son todos maestros?, ¿todos hacen milagros?,

30

¿tienen todos el don de sanar?, ¿hablan todos lenguas desconocidas?, ¿son todos intérpretes?

31

Ustedes, por su parte, aspiren a los dones más valiosos. Y ahora les indicaré un camino mucho mejor.

Salmo Responsorial

Salmo 99, 2. 3. 4. 5

R. (3c) Sirvamos al Señor con alegría.
Alabemos a Dios todos los hombres,
sirvamos al Señor con alegría
y con júbilo entremos en su presencia. R.
R. Sirvamos al Señor con alegría.
Reconozcamos que el Señor es Dios,
que él fue quien nos hizo y somos suyos,
que somos su pueblo y su rebaño. R.
R. Sirvamos al Señor con alegría.
Entremos por sus puertas dando gracias,
crucemos por sus atrios entre himnos,
alabando al Señor y bendiciéndolo. R.
R. Sirvamos al Señor con alegría.
Porque el Señor es bueno, bendigámoslo,
porque es terna su misericordia
y su fidelidad nunca se acaba. R.
R. Sirvamos al Señor con alegría.

Secuencia

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz, y lloraba
mientras el Hijo pendía;
cuya alma triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y afligida
estaba la Madre herida,
de tantos tormentos llena,
cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena!

¿Y cuál hombre no llorara
si a la Madre contemplara
de Cristo en tanto dolor?
¿Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarlo me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde lo veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Dichosa la Virgen María,
que sin morir, mereció la palma del martirio
junto a la cruz del Señor.
R. Aleluya.

Evangelio

Lc 7,11-17

En el evangelio de hoy, Lucas intenta decirnos que ha llegado ya el tiempo de la Salvación, porque, con Jesús, los ciegos comienzan a ver, los mudos oyen, los cojos andan, y sí, hasta los muertos resucitan. Con Jesús, una nueva era ha comenzado: la era de Dios. Es la era en la que ahora vivimos. ¿La hacemos una era de resurrección y de vida, en la que nuestras manos tendidas hacia nuestros prójimos los alza por encima de sus miserias? ¿La hacemos una era en la que reavivamos nuestro amor enfermo o muerto, y lo restauramos de nuevo a la vida, en Cristo Jesús?

11

Resucita al hijo de una viuda 

A continuación se dirigió a una ciudad llamada Naín, acompañado de los discípulos y de un gran gentío.

12

Justo cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a un muerto, hijo único de una viuda; la acompañaba un grupo considerable de vecinos.

13

Al verla, el Señor sintió compasión y le dijo:

—No llores.

14

Se acercó, tocó el féretro, y los portadores se detuvieron. Entonces dijo:

—Muchacho, yo te lo ordeno, levántate.

15

El muerto se incorporó y empezó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.

16

Todos quedaron sobrecogidos y daban gloria a Dios diciendo:

—Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo.

17

La noticia de lo que había hecho se divulgó por toda la región y por Judea.

Oración de los Fieles

– Para que, aun con toda nuestra variedad, tan diferentes como nos reconocemos, seamos todos uno en el único Cuerpo místico de Cristo, la Iglesia, roguemos al Señor.
– Que la eucaristía sea el vínculo que nos enlaza a todos sin distinción, roguemos al Señor.
– Para que el Espíritu Santo nos enseñe a caminar y a crecer juntos como una comunidad edificada sobre el Amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Con este pan y este vino celebramos gozosamente
que formamos y somos un solo Cuerpo en Cristo Jesús.
Danos la gracia de compartir ese único pan
y beber el mismo vino del Espíritu.
Acepta esta ofrenda que te presentamos,
pues, aunque somos muchos y diversos,
nos unimos al mismo y único sacrificio
ofrecido de una vez para siempre
por nuestro único Señor y Salvador Jesucristo.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Con pena constatamos
que tu Iglesia está con frecuencia rota y dividida,
ya que demasiados de entre nosotros
intentan caminar por sus propios caminos tortuosos
más bien que por el buen camino de tu Hijo Jesús.
Por la fuerza de este Pan de Vida,
ayúdanos a olvidar nuestros rencores y resentimientos
y a buscar siempre lo que nos une y enlaza a todos,
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡Qué vergüenza que tantas veces la verdadera unidad se nos sigue escurriendo! Debemos tener siempre presente que, aunque somos diferentes unos de otros, somos uno en Cristo Jesús. Que el Espíritu nos una a todos con la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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