SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN-Segunda Lectura:
Efesios 1,3-6.11-12
Feliz Fiesta a todos.
En un anterior video ya he presentado el significado del dogma de la Inmaculada Concepción y también he comentado el texto evangélico de la liturgia de hoy: el texto de la anunciación a María. Por tanto, he escogido la segunda lectura como alimento espiritual para este día. Se trata del solemne himno con que comienza la carta a los efesios. ¿Porqué fue elegido este texto como segunda lectura para esta fiesta?
Ciertamente, por la profundidad del mensaje teológico que contiene, pero creo que además por dos razones importantes que este himno tiene respecto a la fiesta de la Inmaculada. ¿De qué se trata? Lo primero, es la referencia al texto evangélico en la tradición católica para justificar el dogma de la Inmaculada Concepción. Son las palabras que el ángel, en su saludo, dirige a María: “Alégrate, llena de gracia”. El texto griego dice: Χαῖρε, κεχαριτωμένη que es una expresión que no es fácil de traducir. Se puede traducir como: ‘Alégrate, oh colmada de todos los bienes del amor del Señor’. Se trata de una expresión un poco larga para explicar un verbo muy denso de significado. El verbo es: χαριτω – ‘haritou’ = amor de Dios que con sus dones colma de todos los bienes. Y, ciertamente, María estaba colmada de todos estos bienes.
¿Cuál es la relación con nuestro texto? Es que este verbo, difícil de traducir, es usado por el ángel dirigiéndose a María… le dice: ‘eres una persona amada y colmada de bienes del Señor’. Pero en nuestro texto, aparece el mismo verbo. Dos veces en el Nuevo Testamento: en la anunciación a María y en nuestro texto. Y, esta vez, en nuestro texto, no se refiere solamente a María. Todos somos colmados de todos los bienes, del amor del Señor para todos. Por tanto, estamos asociados a María e involucrados junto con ella en este amor total e incondicional de Dios. La segunda referencia es que en nuestro himno se dice que todos los discípulos de Cristo están llamados a ser inmaculados. Por tanto, celebramos la fiesta de María, inmaculada, pero ¿qué significa que también nosotros estemos llamados a ser inmaculados?
Trataremos de entenderlo, de comprender el mensaje de este himno maravilloso que se cantaba en toda el Asia Menor, especialmente en las celebraciones del bautismo y que luego fue puesto por Pablo en su carta a los efesios. Escuchemos este himno:
“Pablo, apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios, a los consagrados de Éfeso, fieles a Cristo Jesús: Gracia y paz a ustedes de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!, quien por medio de Cristo nos bendijocon toda clase de bendiciones espirituales del cielo. Por él, antes de la creación del mundo,nos eligió para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad para alabanza de la gloriosa gracia que nos otorgó por medio de su Hijo muy querido. Por medio de él y tal como lo había establecido el que ejecuta todo según su libre decisión, nos había predestinado a ser herederos de modo que nosotros, los que ya esperábamos en Cristo, fuéramos la alabanza de su gloria”.
Pablo comienza siempre así sus cartas: “A los consagrados (´santos´) que están en Éfeso… que están en Corinto… a los santos que están en la ciudad de Filipos. Habla a creyentes que han hecho una opción convencida y consciente, han aceptado el mensaje del evangelio y han intentado encarnarlo en sus vidas. Es precisamente a esta gente a las cuales Pablo se dirige. Tratemos de colocarnos, también nosotros, entre estos hermanos y hermanas de fe de la primera comunidad cristiana y, junto con ellos, cantar este himno de alabanza al Señor. Se trata de una oración.
Y la oración tiene esta característica: no se trata de hablar sobre Dios, pues si hablo sobre Dios puedo, ciertamente, decir cosas exactas y buena, pero lo podría hacer aún si Él no se involucrara. Hablo de Dios, pero sin tocar mi vida sino como algo prescindible y distante de mí, como si fuese una materia de estudio. Puedo hablar sobre Dios de esta manera, pero cuando me dirijo a Dios le hablo a Alguien que está involucrado en mi vida, uno a quien mi vida está unida, como lo está el esposo con la esposa. Uno puede hablar sobre otra persona… una joven puede hablar sobre un joven, pero algo totalmente distinto es cuando ella habla sobre el joven de quien está enamorada.
De esto se trata en la oración. Y, por tanto, debemos leer este himno con la alegría de quien está hablando con Alguien con quien tiene unida la vida. Estamos, entonces, frente a creyentes que se dirigen a su Padre del cielo. ¿Qué dicen? “¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo!”. Bendecir a Dios es una típica forma de oración hebrea. Cuando los hebreos se dirigen al Señor, es siempre para bendecirlo. ¿Qué significa este verbo ‘bendecir’? Este verbo aparece tres veces en este primer versículo. ‘Maldecir’ significa querer la muerte, desear que el otro no exista pues el mundo andaría mucho mejor si esta persona no existiese. Esto es lo que significa ‘maldecirlo’, excluirlo de la vida. ‘Bendecir’ quiere decir: desear la vida. Escribiendo a los romanos Pablo dice: ‘Bendigan a los que los persiguen’ (Rom 14,4). Bendigan siempre… nunca maldigan. Deben desear siempre solamente la vida pues son hijos e hijas de un Dios que solamente quiere la vida.
También Pedro, hermosa su primera carta, cuando dice: “No devuelvan mal por mal ni injuria por injuria, al contrario, bendigan, ya que ustedes mismos han sido llamados a heredar una bendición” (1 Pe 3,9). Deseando siempre que el otro viva. Bendigan también a los enemigos. Deben estar dispuestos a entregar la vida a quien quiere arrebatar la vida. Esta es la manifestación de este amor que no viene de nuestro mundo y de nuestra naturaleza. Puede venir solamente del cielo. Los cristianos bendicen a Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
¿Por qué bendecimos a Dios? El israelita piadoso siempre bendice a Dios por todo lo que es hermoso, bueno y grande ha experimentado en la vida porque sabe que lo ha recibido del Señor. Bendecir a Dios caracteriza a la persona y lo diferencia de todos los demás animales quienes solamente comprenden la realidad material, la disfrutan, se sacian de ella, pero todo acaba allí. Solamente el humano alza la vista porque se da cuenta que todo lo que alimenta la vida, y también la propia vida, provienen de Dios.
Solamente la persona humana entiende esto y es plenamente humano cuando se da cuenta que ha recibido la vida y todo lo que la sostiene lo ha recibido del Señor. Uno se convierte en persona, plenamente humano, cuando toma conciencia de que debe bendecir al Señor. Sabemos muy bien que existe una gran diferencia entre el gozar, disfrutar, beneficiarse de algo bello y comprender que dentro de esta belleza está la señal de un amor.
Una joven puede comprar un hermoso ramo de flores, ponerlo en un florero al centro de su casa, gozar de la belleza de este ramo de flores, aspirar el perfume, pero algo muy distinto es si ella recibiera, aunque sea una margarita, de un joven de quien está enamorada, aunque nunca ha recibido una declaración de amor… simplemente recibe una margarita.Comprendemos muy bien cuál es la diferencia entre la margarita y el ramo de flores. El ramo de flores tiene un valor material, se aprecia su belleza y su perfume, pero dentro de esa margarita está la señal de un amor y solamente el que entiende la presencia de este amor es plenamente humano. Esto es lo que los israelitas comprendieron: observando toda la realidad material, ellos saben leer el amor de quien los ama, que es Dios.
Y los creyentes, los cristianos de Éfeso se dirigen a Dios no como al Ser Absolutamente Perfecto—como decía nuestro catecismo—sino como al Padre de nuestro Señor Jesucristo. Le dan gracias por el don que les ha dado. No dio solamente la creación para nuestra vida biológica; nos ha dado un inmenso don: su Hijo. Ha enviado a su Hijo a este mundo y los cristianos de Éfeso saben que han visto el rostro del Padre del cielo en Jesús de Nazaret, en el hijo de María. Esta es la bendición más importante. La persona se transforma realmente en humano cuando alza la vista, cuando toma conciencia que todo viene de Dios y se convierteen cristiano cuando comprende que el regalo más grande que le ha sido dado no es la creación del mundo material, sino que el Padre del cielo haya enviado a su Hijo, haciéndose uno de nosotros, para mostrarnos el rostro amoroso del Padre del cielo.
El motivo por el que los cristianos de Éfeso cantan esta alegría, no es solo por la maravillosa casa que el Padre ha preparado, sino porque nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en Cristo. ¿De qué se trata esta bendición espiritual? No es otra cosa que el don de su Espíritu, de su misma vida. Este es el gran regalo que Dios nos ha hecho en Cristo. Nosotros tenemos dos vidas: la biológica que acaba y esa otra que el Hijo de Dios ha traído al mundo, donada a toda persona; es la vida del Padre del cielo, la vida del Eterno, la que no puede ser tocada por la muerte biológica. Si no somos conscientes de este regalo, el conocimiento que tenemos de Cristo será solamente histórico.
Una persona que tuvo una vida extraordinaria; es un conocimiento interesante,importante pero que, al final, nos toca solo marginalmente. Quizás sea esta la condición de muchos cristianos de hoy que aprecian a Cristo, aprecian su mensaje, sus bienaventuranzas,pero no han comprendido el don que Jesús ha introducido en el mundo. Esto marca toda nuestra existencia en este mundo.
¿Qué ha hecho por nosotros de grande y hermoso este Padre? Nos eligió antes de la creación del mundo. Y la razón por la que he hecho esta elección no está condicionada.Recordamos la primera declaración de amor que el Dios de Israel hace a su pueblo. Les dice: ‘Entre todos los pueblos de la tierra yo he puesto mi corazón con ustedes… no porque fuesen más numerosos, más fuertes y más valientes que todos los otros pueblos. De hecho, son el pueblo más pequeño entre todos los pueblos, el más insignificante… y solamente porque los amo’.
Esta elección de Israel ha presentado siempre dificultad porque se la interpretó como un privilegio de Israel para gloriarse delante de otros pueblos. Este no es el significado de la elección de Dios. Cuando Dios elige a alguien es siempre para una misión de amor que debe alcanzar a todos los demás hijos a hijas de Abrahán. Y todo el pueblo de Israel ha sido elegido para llevar la bendición de Dios a todos los pueblos.
Y ¿cuál es el objetivo por el cual nos ha elegido a los cristianos el Padre del cielo? Lo dice este himno: nos ha elegido para esta misión ‘ser santos e inmaculados’ o, como dice nuestra traducción ‘para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia’. ‘Santos e inmaculados de frente al Padre del cielo y delante de todos en la caridad’. ¿Qué implica esta misión a la cual hemos sido llamados? También nosotros hemos sido escogidos por su amor ‘para ser santos’, ‘consagrados, ‘diferentes’ de aquellos quienes aún no han tomado conciencia de este amor del Padre y, por tanto, no han llegado a la plenitud de una vida humana. Llamados, pues, a comportarnos no más siguiendo la inclinación de nuestros instintos que provienen de nuestra naturaleza humana, sino de la nueva vida que se nos ha dado.
Es la vida que nos lleva a amar gratuitamente e incondicional, de sentir alegría cuando podemos hacer feliz a alguien, aunque sea un enemigo. Esta clase de amor no viene de nuestra naturaleza terrena sino puede venir solamente del cielo. Esto es a lo que nosotros estamos llamados, elegidos, seleccionados, para ser una comunidad santa, distinta del mundo pagano. Y también ‘inmaculados’ (irreprochables). Es la palabra que aparece en la fiesta de hoy.
No solamente es María ‘inmaculada’ sino que esta es la vocación de todo cristiano. Hemos sido elegidos para ser inmaculados (irreprochables). La alusión es ciertamente a las ofrendas que se hacían en el templo, que debían ser ‘inmaculadas’, sin defecto, perfectas. Si el cordero era cojo o ciego o con cualquier otro defecto, no podía ser ofrecido a Dios. Por tanto, estamos llamados a ser ‘inmaculados’, sin defecto en la caridad, en el amor. Esta es nuestra vocación: ser vida ofrecida al hermano o hermana por amor, sin ningún rastro de egoísmo. Esta es nuestra vocación: ser inmaculados en el amor. No debe haber rastro de egoísmo en la vida de un cristiano. Ninguna excusa para buscar nuestro beneficio. Para esto estamos llamados. Nuestro instinto no nos lleva en esta dirección, sino en la dirección opuesta. Es la nueva vida que Cristo trajo al mundo; es el don del Padre del cielo que, desde dentro, nos impulsa a vivir esta vida.
Es una vida posible porque Jesús había sido hecho de los mismos elementos materialesque nosotros (pensemos en el carbono, hidrógeno, oxígeno y poco más), fue capaz y ha sido un don inmaculado, sin sombra de egoísmo en él. Hoy se nos presenta María, nuestra hermana, quien respondió plenamente a esta vocación de amor sin rastro de egoísmo. Y es la vocación a la que está llamado todo cristiano, todo discípulo de Jesús de Nazaret; a dejarse mover por la vida divina que le ha sido dada y, por tanto, a dar testimonio en el mundo la presencia de un amor inmaculado.
Luego, “nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo”. En el pasado, esta predestinación se pensaba que Dios había dividido a los humanos en dos grupos: unos, destinados a la salvación, y los otros predestinados a la condenación. Por cierto, esta interpretación ya no es aceptada por nadie. Evidentemente, la carta a los efesios conoce una única predestinación para todos, sin distinción, todos estamos llamados a ser hijos e hijas adoptivos, a aceptar esta filiación que se ofrece gratuitamente por parte de Dios para todos.
Y esto no por ningún mérito sino por el diseño de amor de la voluntad de Dios. Este adjetivo ‘adoptivo’ parecería disminuir un poco nuestra filiación. NO. Es para hacer resaltar la gratuidad de este don que no viene de nuestra naturaleza, como en vez es el caso del Unigénito, el Hijo de Dios que ha tomado forma humana en el seno de María. Él no es adoptivo, su filiación divina es su naturaleza. Esta filiación divina en nosotros es recibidacomo un don y por eso se utiliza este término ‘adoptivo’.
Pero también tiene otro significado esta filiación ‘adoptiva’. Recordemos que ninguno de los emperadores eran ‘hijos’ del emperador precedente, eran adoptivos, pero no por eso disminuía su dignidad. Octaviano, Augusto… no eran hijos de Julio César sino adoptado por Julio César. Tiberio no era hijo de Augusto, era adoptado. Y así los demás emperadores: Calígula, Claudio, Nerón…. Todos tenían la dignidad cabal de ser emperadores, aunque la hubieran recibido como adopción. Y dice nuestro himno que este designio (y lo comprendieron bien los efesios) es “para alabanza de la gloriosa gracia”. Es el objetivo de esta bendición que se dirige a Dios. Se comprendió que en esta vida que se nos ha dado resplandece totalmente el amor gratuito del Señor.
Esta vida nueva se transforma después en un testimonio frente a aquellos que todavía no entran en esta comunidad de ‘santos’. Frente al amor inmaculado testimoniado por la comunidad cristiana, los que todavía no han tomado conciencia de este don de Dios, si la comunidad cristiana da testimonio de esta vida nueva, los paganos se verán obligados a reconocer que algo maravilloso ha entrado en el mundo, obra del Señor. “Nos eligió para que por el amor fuéramos consagrados e irreprochables en su presencia. Él nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo conforme al beneplácito de su voluntad para alabanza de la gloriosa gracia…”.
¿En qué consiste la gloria de Dios? Dios no tiene necesidad de nuestro aplauso, que le demos gloria.… NO. En la Biblia, la gloria de Dios no es otra cosa que la manifestación del Señor. Así, Jesús dice en el evangelio, en su oración, que se espera que el Señor sea glorificado en él (Jn 12,28). ‘Glorificado’ quiere decir que, finalmente llegue a mostrar su rostro, el verdadero rostro, no el rostro inventado por la gente, sino el que Dios manifiesta en Jesús de Nazaret. Allí se manifiesta la gloria de Dios.
La gloria de Dios no es otra cosa que su amor. Y, concluye el texto de nuestra lectura: cuando la comunidad cristiana manifiesta un amor inmaculado, sin rastro de egoísmo, allí, en esa comunidad, se manifiesta lo grande que es el amor que Dios tiene por la humanidad.Tratemos de imaginar la vida de los primeros cristianos de Éfeso. Viven en medio de un mundo pagano, corrupto, donde lo que cuenta es la riqueza, el prestigio, el poder, el hacerse ver, donde la esclavitud y las prácticas inmorales son comunes…
En la ciudad de Éfeso existe una comunidad que vive una vida alternativa, una vida de amor inmaculado si es una comunidad auténtica. Es a través de esta comunidad que Dios revela su gloria. En sus hijos que llevan una vida inmaculada es visible la vida divina donada por el Padre del cielo. En este himno de la comunidad de Éfeso se percibe la alegría y el orgullo justificado que, con todos sus límites, esta comunidad se sabe llamada a una vocación muy grande porque a través de ellos debe traslucir la gloria y la belleza del amor del Señor.
Ciertamente María ha realizado este testimonio y ciertamente es un modelo de esta vida de amor inmaculado. Para nosotros, la devoción a María, el amor a María se manifiesta en el contemplar la manera cómo ella ha vivido este don que ha recibido del Señor y hacer que tanto ella como nosotros de nuestra vida refleje el amor como el del Padre del cielo, tal como ella lo ha vivido. Les deseo a todos una buena fiesta.
