Jeremías rescata un terreno.

La compra del terreno, justo antes de la caída de Jerusalén, es una acción simbólica. Jeremías pide a Baruc que guarde el contrato sellado de la tierra en una jarra de loza (que probablemente enterraría) para que se conserve por mucho tiempo (14). La tierra que Dios había dado a Israel va a ser restituida al pueblo, porque de alguna manera, siempre le perteneció. Todo concluye con la nueva alianza que Dios pactará con su pueblo, que tendrá un solo corazón y un solo camino (39, cfr. Jn 14,6). Jeremías es el único profeta que habla de una «Nueva Alianza» (Jr 31,23.31) que encuentra su cumplimiento pleno en la «Nueva Alianza» sellada con la sangre de Jesús (Mt 26,28; Lc 22,20).

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