Dios, al crear la tierra, establece una alianza con ella. La catástrofe de Judá, que ya no es considerada una nación por los demás pueblos, será revertida por Dios mediante la gran restauración de su pueblo. En su infinita misericordia, el Señor perdonará a su pueblo y lo sanará (6-8). La alegría volverá al templo de Jerusalén (11) y la prosperidad a los habitantes de Judá (12-13). Un descendiente de David traerá justicia y paz, y los sacerdotes ofrecerán sacrificios agradables a Dios (17-18). Así como esta alianza no puede romperse, tampoco se quebrará para siempre la alianza que el Señor estableció con la casa de David y el pueblo de Israel (25-26).
