Jeremías aprovecha la partida de un nuevo grupo de deportados a Babilonia para enviar una carta a los primeros que habían tenido esa mala suerte. Fiel a su criterio de que el exilio será largo, les ratifica esa partida para que no se hagan falsas ilusiones ni sigan dando crédito a quienes profetizan un período corto de dominación. Los anuncios contrarios a estos consejos no son respaldados por el Señor (8s). El mensaje mantiene el tono esperanzador de la presencia de Dios y del retorno que el Señor mismo realizará (11-14).
