Este incidente, que da lugar a una maldición contra Samayas, refleja las contradicciones y dudas respecto a la suerte de los deportados a Babilonia. Jeremías insiste en que el cautiverio será largo y quien diga lo contrario será condenado. Pero el asunto no era tanto la duración del exilio, sino la preocupación del profeta porque esta coyuntura histórica fuera suficientemente asimilada como una necesaria reprensión por parte de Dios. Afirmar que el destierro pasaría rápido distraería de tal propósito, y eso es lo que el profeta quiere evitar.
