Jeremías y Ananías.

Jeremías expone ante el pueblo el criterio para discernir la autenticidad de un profeta (8-9). Ananías reduce a dos los setenta años de exilio profetizados por Jeremías (Jr 25,11-12; 29,10). Jeremías expresa su deseo de que se cumpla lo que Ananías predice, pero la realidad es otra y, aunque sea dura, hay que enfrentársela. Jeremías sufre la humillación pública cuando Ananías, en un arrebato de ira, rompe su yugo de madera y Jeremías se retira en silencio (11-12). Inspirado por Dios, vuelve para descalificar a Ananías y predice su muerte, que ocurrió solo dos meses después, lo cual prueba la autenticidad de su profecía.

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