Primera denuncia.

Está dirigida a la sociedad en general y a sus mediadores. También encontramos una invectiva contra los falsos profetas. En el pleito que entabló desde el comienzo contra Samaría y Jerusalén, está seguro de que estas ciudades son el tropiezo de sus respectivos reinos. Ahora concreta un poco más en qué consiste el pecado de cada una: el mal que realizan sobre el pobre de un modo sistemático y planificado, roban al más débil y acaparan los bienes básicos de los demás aprovechándose de sus necesidades. En suma: desde sus posiciones ventajosas oprimen sin compasión al pueblo (1s); por eso, el Señor planea un castigo que consistirá en la expropiación y la ruina de los acaparadores (3s). Es la manera en que el profeta concibe el castigo, dirigido, en todo caso, a crear conciencia sobre el justo reparto de los bienes. Quienes han quebrantado la armonía de una sociedad igualitaria serán excluidos, al punto de no poder participar en el nuevo reparto de la tierra que hará el Señor (5).

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