En una extraña asamblea celestial, Josué es acusado por Satán. Pero es perdonado e investido con vestiduras limpias. Nótese la relación entre las vestiduras «sucias» y «acusador» con «ser perdonado» y las vestiduras «limpias». Podría tratarse de alguna situación anómala o impedimento que hacía a Josué indigno de llevar la investidura de sumo sacerdote. Desde esta perspectiva, el profeta valida el ministerio de Josué. De fondo, se perciben los enfrentamientos frecuentes entre los repatriados y quienes no fueron desterrados. La segunda parte de la visión, hasta ahora sin explicación satisfactoria, corresponde a la piedra con siete ojos que recibe el sumo sacerdote. El contexto sugiere la vigilancia cercana que el Señor tendrá sobre su pueblo, el cual será purificado en un solo día (9). Ya purificados, los fieles vivirán en paz y tranquilidad, y cada uno podrá invitar a su amigo a su propia higuera y a su propia parra.
