Antes de la estipulación de los animales puros e impuros, existe una ley que prohíbe los tatuajes e incisiones en el cuerpo en honor a los muertos (1s). Podría tratarse de una antigua práctica cananea de duelo. Un rito funerario bajo la proyección religiosa de Baal, dios de la fertilidad (cfr. 1 Re 18,28). Israel no puede asemejarse en ello a los paganos, porque ellos son hijos de Dios y un pueblo elegido entre muchos otros para ser consagrado al Señor.
Los versículos 3-21 establecen cuáles son los animales terrestres, aéreos y acuáticos que podían ser consumidos. Los criterios para determinar la pureza o la impureza no son del todo claros ni precisos; se podría pensar en tabúes o en un rechazo irracional hacia determinados animales. En todo caso, hay una intención común: convertirlo en un mandato divino y, por tanto, de cumplimiento obligatorio para todo fiel israelita.
En la Nueva Alianza no hay que preocuparse por esto, puesto que en Jesús hemos obtenido la completa libertad respecto a nuestra manera de vivir y de expresar nuestras relaciones con Dios, con nuestros semejantes y con la creación. Hoy es más importante el establecimiento de normas y leyes que nos ayuden a proteger y defender la vida y la creación. Aunque la creación está para nuestro servicio y disfrute, se trata de un bien universal que exige de nosotros un trato humano, respetuoso, justo y equilibrado.
