Israel derrota a Sijón, rey de Jesbón.

Conforme a lo prometido por el Señor, el pueblo, una vez que ha purgado su falta de fe y de obediencia, está en condiciones de enfrentarse en batalla a quienes obstaculicen su camino. Bien visto: los pueblos mencionados en los versículos 1-25 no oponen resistencia al avance de Israel y, en consecuencia, conservan sus tierras y posesiones como signo de bendición para ellos también. Pero aquellos que se atreven a oponer resistencia son eliminados; tal es el caso de Sijón, rey de Jesbón. La victoria y el exterminio de todo aquel pueblo marcan el comienzo de la conquista de la tierra prometida.

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