La rebelión había traído como consecuencia la derrota de Israel a manos de los amorreos y la sentencia de permanecer en el desierto hasta la desaparición de aquella generación, como constatan, en efecto, los versículos 14-16. Pues bien: ese castigo comienza a ser levantado por el Señor al dar la orden de dirigirse al norte (3). Pero antes, hay una serie de advertencias sobre el trato hacia algunos pueblos y sus territorios que encontrarán en el camino. Se mencionan entonces el territorio de Seír, otorgado antiguamente a Esaú (5; cfr. Gn 36,8), el territorio moabita, habitado por los descendientes de Lot, y el territorio de los amonitas.
