Israel procede contra Og como contra Sijón; todo lo consagra al exterminio. Así completa la primera parte de la conquista. La conciencia de Israel es que en estas empre-sas militares no fue su fuerza ni su poderío militar lo que les otorgó la victoria, sino que todo lo hizo el Señor, quien «puso en manos de Israel» a sus enemigos. Por tanto, la victoria no es de Israel, sino del Señor. Hemos de tomar las expresiones «guerra del Señor», «victoria del Señor», etc., siempre en sentido simbólico. El Dios revelado por Jesús es Padre de todos, y sus hijos son quienes escuchan y realizan su Palabra.
