Si el cumplimiento de los preceptos del Señor trae consigo la felicidad, la prosperidad y la paz para el pueblo, su incumplimiento acarrea la desgracia absoluta.
Cuando el pueblo se apartó del camino del Señor, cayó en situaciones trágicas. Aunque están en el futuro, para la época de la composición del libro, el pueblo ya sabía lo que implicaba ser infiel al pacto. La clave para entender este pasaje nos la da el versículo 13: el Señor se empeñó en romper el yugo que mantenía sometida a aquella masa de esclavos en Egipto, se enfrentó al faraón, símbolo del poder opresor, y los liberó, dándoles la oportunidad de ser su pueblo. Pero cuando el pueblo olvida que solo en el proyecto de su Dios encuentra la vida y se va tras otros dioses, es decir, cuando actúa en contra de la voluntad de Dios, el propio pueblo se destruye poco a poco.
