Infección de ropas.

Es posible que quienes vivimos en países de clima tropical o semitropical compartamos la experiencia de encontrar las prendas de vestir con manchas y un fuerte olor después de guardarlas durante algún tiempo, aunque estén limpias. Lo que ataca el paño, el lino, el cuero e incluso los muros de las casas, y que nosotros llamamos moho, hongos o musgo, también está regulado por la legislación. Se prescribe un seguimiento u observación rigurosa, como en la primera parte del capítulo sobre las afecciones cutáneas. Se llega incluso a la destrucción necesaria de la prenda o del muro en caso de no presentar «mejoría». Nos suena muy extraño, a nosotros que con agua y sal solucionamos el problema; pero para los israelitas, en concreto para los sacerdotes, se trataba de un obstáculo para mantener el ambiente de pureza exigido en el culto y en la vida ordinaria de un pueblo en el que Dios había decidido establecer su morada.

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