A pesar de que en 5,1-6 Moisés y Aarón se habían presentado ante el faraón como emisarios del Señor y ya conocíamos la respuesta, aquí se presentan de nuevo como si fuera la primera vez. Se trata, por tanto, de un relato doble: el primero corresponde a una tradición más antigua que los especialistas atribuyen a la fuente literaria y teológica yahvista (J), mientras que el segundo pertenece a la historia narrada por la corriente sacerdotal (P).
Los redactores finales del Pentateuco conservan muchos relatos, aunque estén repetidos y en aparente contradicción. Para ellos, lo importante es dejar constancia de los distintos testimo-nios de una historia en la que los protagonistas no son los de siempre, los poderosos y señores del mundo, sino un puñado de esclavos asistidos por un Dios que se ha revelado como alguien interesado en ellos. Este encuentro de Moisés y Aarón con el rey egipcio es, en el fondo, el entrecruce entre ese defensor de los oprimidos y el faraón pretencioso que no duda en enfrentarse al poder divino. Al tragarse el bastón de Aarón las otras serpientes, se reivindica el poder del Señor frente al del faraón.
