Alianza de Labán y Jacob.

El encuentro entre suegro y yerno culmina felizmente con la celebración de un pacto o alianza entre ambos. La advertencia divina a Labán (31,24) y las palabras de Jacob (31,42) motivan a Labán a finiquitar la querella y a continuar la relación de parentesco sin agresiones mutuas.
Nótese el «ritual» de la alianza: las piedras que se amontonan como signo de un testimonio perenne de los compromisos contraídos (46); la enumeración de las cláusulas y compromisos (48-53); la ofrenda de un sacrificio y la participación de todos los presentes en una comida (54).
Este relato protagonizado por Labán y Jacob refleja, de alguna manera, los conflictos entre los diferentes grupos étnicos de la llamada antigua «Media Luna Fértil», de-dicados al cuidado de sus rebaños, lo que los mantenía en guardia para defender un pedazo de tierra. En este marco de relaciones, las alianzas y los pactos entre grupos eran absolutamente necesarios; los convenios de no agresión y las promesas de mutua defensa resultaban imprescindibles. Se generaban vínculos tan fuertes como los lazos de sangre, al punto de que todos se consideraban hermanos y llamaban padre de todos al pactante principal. De acuerdo con este fenómeno, podemos entender más fácilmente la paternidad de Abrahán sobre Isaac y Jacob; más concretamente, la paternidad de Jacob sobre las doce tribus de Israel.

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