Boda de Isaac.

El ciclo de Abrahán se aproxima a su fin. Al nacimiento de Isaac y los ritos pertinentes de ponerle un nombre y circuncidarlo (21,4), le sigue la viudez del patriarca (23,1-20), pero es muy importante que, antes de morir, quede concertado el matrimonio de Isaac, su hijo. Llama la atención de inmediato la decisión de no mezclar su sangre con la de los habitantes de Canaán, condi-ción que se impone a su esclavo bajo un juramento muy solemne (3s). En el fondo, este largo episodio tiene dos ideas centrales que revelan el comportamiento histórico del pueblo de Israel: no tomar por esposas a las nativas de Canaán (3s.37s) y no regresar al país de origen de Abrahán (7s). De ahí el énfasis en la promesa divina de la tierra (7).
Desde el punto de vista religioso, este relato va revelando cómo en ese entramado sorprendente de la historia humana, la fe del pueblo reconoce que «Dios conduce», «Dios bendice», «Dios hace o hizo prosperar». El relato constituye, además, una pieza clave en el cumplimiento de la promesa divina sobre la numerosa descendencia y la posesión de un territorio, lo cual se evidencia en las palabras de Abrahán.

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