Este pasaje anticipa la narración de la descendencia de Noé en el capítulo siguiente e intenta explicar las relaciones internacionales de Israel a lo largo de su historia. Se trata de un relato que busca explicar las causas de una realidad presente, cuyo origen «histórico» es desconocido. Sin embargo, a la luz del Evangelio de Jesús, ningún pueblo debe estar sometido a otro. Más bien, todos estamos sometidos a la ley del amor y a la práctica de la justicia.
