Pablo recuerda a los efesios que la Ley sigue en pie, y que el cuarto mandamiento ocupa el primer lugar en referencia al prójimo (cfr. Col 3,20s). De entre todas las personas a las que hay que amar, los padres son los primeros (cfr. Eclo 3). También los esclavos pertenecen al ámbito familiar. Pablo no propone un cambio en el orden social. No puede ni tiene a mano una alternativa social o política al sistema esclavista de su tiempo. Sin embargo, resalta la reciprocidad de deberes y trato entre amos y esclavos y, sobre todo, la igualdad radical bajo el «amo único», que es Dios (Col 3,22–4,1). Es esta postura de su mensaje evangélico la que terminó acabando con la institución de la esclavitud antigua, y nos anima hoy a seguir luchando contra las esclavitudes de nuestro tiempo.
