Pablo ha estado exhortando a la unidad y armonía que deben existir en la comunidad cristiana en general. Ahora concentra su atención en el núcleo familiar, la Iglesia doméstica, formada por el matrimonio, los hijos y, en aquellos tiempos, también por los esclavos. La tradición bíblica del Antiguo Testamento había presentado la imagen de Dios como esposo y la comunidad como esposa, con expresiones tan audaces como la de Isaías 62,5: «La alegría que encuentra el esposo con su esposa la encontrarás tú, Dios, contigo». Los últimos capítulos del Apocalipsis utilizan este mismo símbolo para clausurar el texto de la Biblia, que termina con la apremiante llamada de la esposa al esposo: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22,20). Esta imagen bíblica despliega toda su fuerza expresiva en la relación de amor indisoluble de Cristo hacia la Iglesia, cuyo símbolo y presencia es el sacramento cristiano del matrimonio.
