Lucha contra el mal.

Pablo ha exhortado a los efesios a aprovechar la oportunidad de salvación y a estar vigilantes. De ahí que, para él, la vida cristiana sea una milicia. El Evangelio tiene enemigos aguerridos y peligrosos contra los que hay que luchar, y, por tanto, debemos estar pertrechados con las armas de Dios. Jesucristo ha salido triunfante, y sus armas victoriosas están a nuestra disposición. Su exhortación, pues, es una llamada al compromiso de toda la comunidad. Nuestro «aliado» en la lucha es el Señor, y su presencia victoriosa entre nosotros se consigue con la oración (cfr. Sal 35,1-4), que es el consejo final con el que Pablo termina su carta, animando a los efesios a ser constantes en rezar y suplicar… con perseverancia… por todos… también por él (18s).

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