La carta va dirigida a los «consagrados», o santos, título que se refiere a los creyentes convocados a formar parte del pueblo santo de Dios. El saludo es como de costumbre: «Gracia y paz», con todo el nuevo contenido que el cristiano ya había dado a la palabra paz: la salvación que viene gratuitamente de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
