VIGESIMASEXTA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO VIERNES
EL PECADO EN NOSOTROS
Otras Celebraciones para este Día:
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Nos resulta fácil condenar guerras, conflictos civiles,
corrupción, explotación, esclavitud de cualquier tipo.
Pero te pedimos, Señor Dios, aunque con mucha timidez,
que abras nuestros ojos al mal que anida en nosotros.
Ayúdanos a ver que nosotros hacemos,
a menor escala, en nuestros pequeños mundos
el mal que recriminamos al gran mundo.
Haznos ver que nosotros también somos pecadores,
necesitados del gran perdón que benévolamente nos ofrece
Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Primera Lectura
Ahora que ha oído a Dios explicarle que su rectitud no le da derecho a un tratamiento especial, Job humildemente dice que se encomienda confiadamente a su providencia.
Primer discurso del Señor
Entonces el Señor respondió a Job desde la tormenta:
¿Has mandado en tu vida a la mañana o has señalado su puesto a la aurora
para que agarre la tierra por los bordes y sacuda de ella a los malvados,
para que le dé forma como el molde a la arcilla y la tiña como la ropa,
para que se les niegue su luz a los malvados y se quiebre el brazo de los rebeldes?
¿Has entrado hasta la fuente de los mares o paseado por la hondura del océano?
¿Te han enseñado las puertas de la Muerte o has visto los portales de las Sombras?
¿Has examinado la anchura de la tierra? Cuéntamelo, si lo sabes todo.
¿Por dónde se va a la casa de la luz y dónde viven las tinieblas?
¿Podrías conducirlas a su país o enseñarles el camino de casa?
Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces y has cumplido tantísimos años.
Respuesta de Job al Señor
Job respondió al Señor:
Me siento pequeño, ¿qué responderé?, me taparé la boca con la mano.
He hablado una vez y no insistiré; dos veces y no añadiré nada.
Salmo Responsorial
Salmo 138, 1-3. 7-8. 9-10. 13-14ab
R. (24b) Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú me conoces, Señor, profundamente:
tú conoces cuándo me siento y me levanto,
desde lejos sabes mis pensamientos,
tú observas mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
¿A dónde iré yo lejos de ti?
¿Dónde escaparé de tu mirada?
Si subo hasta el cielo, allí estás tú;
si bajo al abismo, allí te encuentras. R.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Si voy en alas de la aurora
o me alejo hasta el extremo de mar,
también allí tu mano me conduce
y tu diestra me sostiene. R.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Tú formaste mis entrañas,
me tejiste en el seno materno.
Te doy gracias por tan grandes maravillas;
soy un prodigio y tus obras son prodigiosas. R.
R. Condúcenos, Señor, por tu camino.
Evangelio
Corozaín, Betsaida, Cafarnaún aparecen en este evangelio como ciudades de pecado que rechazaron la voluntad de Dios. No muy distintas de las vastas ciudades de nuestro mundo y de su pecado global: más de la mitad de los habitantes de la Tierra pasa hambre y es explotada; muchos millones migran en busca de pan y de techo y muchos cientos perecen en el intento. En muchas regiones del mundo la violencia no cesa y aquí y allá hay tantos conatos de guerra como violaciones a los derechos humanos. La Tierra pierde su biodiversidad, el calentamiento global amenaza la subsistencia del planeta y…en nuestros pequeños universos personales habitan también el egoísmo, la soberbia, el fraude, la indiferencia.... ¿Seguiremos haciendo oídos sordos a los enviados de Dios, a sus profetas?
Recrimina a las ciudades de Galilea
¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo habrían hecho penitencia vistiéndose humildemente y sentándose sobre cenizas.
Y así, el juicio será más llevadero para Tiro y Sidón que para ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿pretendes encumbrarte hasta el cielo? Pues caerás hasta el abismo.
Y dijo a sus discípulos:
—El que a ustedes escucha a mí me escucha; el que a ustedes desprecia a mí me desprecia; y quien a mí me desprecia, desprecia al que me envió.
Oración de los Fieles
– Para que no perdamos el sentido del pecado, que nos separa del Amor del Padre y lesiona nuestra condición de hijos de Dios –la nuestra y la de nuestros hermanos y hermanas, roguemos al Señor.
– Para que a todos los endurecidos por el pecado el Espíritu del Señor les toque el corazón y puedan arrepentirse y cambiar sus vidas, roguemos al Señor.
– Para que los muchos que llevan en su conciencia una pesada carga de pecado y de remordimiento, y todos los que sufren por los pecados de otros, sigan confiando en la bondad liberadora y reconciliadora de Dios, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
En estos signos de pan y vino
tu Hijo viene a nosotros con su cruz
para acabar con toda soberbia de pecado
y para ser el principio de nuestra nueva existencia.
En él nos muestras el modelo de la nueva persona.
Danos su fuerza para arrepentirnos sinceramente,
para convertirnos,
para alzarnos por encima de nuestros mezquinos egoísmos
y, como Jesús, para amar y servir sin medir el costo.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre misericordioso:
Tú respetas y educas nuestra libertad.
No nos das garantías contra el fracaso,
pero nos llamas para elegir y decidir por nuestra cuenta.
Oh Dios, perdónanos y ayúdanos
cuando, en nuestros torpes y difíciles esfuerzos
por ver cómo la libertad de tu Hijo
se convierte en viva y real,
nos arriesgamos y cometemos disparates.
Queremos permanecer fieles a ti
por medio y a ejemplo de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Lo lamentamos, y, en nuestros mejores momentos, realmente no lo queremos, pero el pecado siempre vuelve. Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos otorgue su eficaz ayuda. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca siempre.
