SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA – B
Cruz y Gloria / En la montaña… de momento
Ciclo Litúrgico: B
Introducción
Saludo (Ver Segunda Lectura)
“Dios no perdonó a su propio Hijo,
sino que lo entregó para beneficiarnos a todos”.
Prefirió que muriera su Hijo
antes que renunciar a su amor por los hombres.
Ese Jesús está ahora con nosotros,
como la garantía del Amor de Dios.
Que Jesús, el Señor, esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Cruz y Gloria
Cuando estamos sufriendo, nos hace mucho bien que alguien ponga atención en nosotros y nos dé una palabra de ánimo. Cuando en la oscuridad de nuestros problemas y dificultades, nos llega un rayo de luz, eso también nos asegura que Jesús viene con nosotros en nuestro fatigoso caminar. De la misma manera nos reconforta que Jesús mismo nos anticipe fugazmente su victoria sobre el dolor y la muerte, su Pascua, en el episodio de la Transfiguración. Como los discípulos elegidos, queremos que su Luz dure. El desafío es volver a las realidades de la vida conservando dentro nuestro esa misma Luz… que transforme adentro y afuera irradiando a todos por igual.
2. En la montaña… de momento
Seguimos nuestra aventura a través de la Cuaresma. ¿A dónde nos conducirá el camino? A Jesús, el camino lo llevó a Jerusalén, a la cruz. Nosotros, con Jesús, tenemos que cargar con nuestra cruz; pero sabemos también que, con él, la meta no será la muerte sino la vida; no será el sufrimiento sino la resurrección. Este consuelo, que a veces nos sabe a poco, es para nosotros real. No pedimos el sufrimiento pero, si llega, lo asumimos, como Jesús, por amor a Dios a nuestras hermanas y hermanos. Sin olvidar la visión de su gloria, que será la nuestra, allá, en la montaña.
Acto Penitencial
Nuestros caminos no son siempre los caminos del Señor.
Pidámosle a Jesús, el Señor,
que nos perdone y que transforme nuestras vidas.
(Pausa)
Señor Jesús, en nuestra aflicción
y en nuestras pruebas, seguimos confiando en ti.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, nosotros somos tus siervos.
Nos has liberado de las amarras del pecado.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú eres el Hijo amado del Padre.
Queremos escucharte, acogerte y seguirte.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdónanos todos nuestros pecados.
Muéstranos la luz de tu rostro y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos al Padre
que la luz de Cristo resplandezca sobre nosotros.
(Pausa)
Oh Padre amoroso:
Durante un breve tiempo
transfiguraste y glorificaste a tu Hijo en el monte Tabor
para animarlo a llevar a cabo su misión
y para fortalecer a sus discípulos.
Que la presencia de Jesús aquí con nosotros,
en esta nuestra eucaristía,
y las palabras que él nos dirige
nos transformen y nos den luz y fuerza
para tomar con responsabilidad nuestra misión en la vida
y para aliviar la carga de nuestros hermanos y hermanas,
hasta que nos transformes a imagen y semejanza suya
en la luz eterna de tu gloria.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.
Primera Lectura
Sin rehusar nada a Dios
Como hombre de fe profunda, Abrahán estaba dispuesto a sacrificar su propio hijo a Dios. Pero el Dios de la Vida se lo devolvió como señal de la Alianza.
Sacrificio de Isaac
Después de estos sucesos, Dios puso a prueba a Abrahán, diciéndole:
–¡Abrahán!
Respondió:
–Aquí me tienes.
Dios le dijo: –Toma a tu hijo único, a tu querido Isaac, vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio en uno de los montes que yo te indicaré.
Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí un altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña.
Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo;
pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
–¡Abrahán, Abrahán!
Él contestó:
–Aquí estoy.
Dios le ordenó:
–No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ya he comprobado que respetas a Dios, porque no me has negado a tu hijo, tu único hijo.
Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en los matorrales. Abrahán se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo.
Desde el cielo, el ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán:
–Juro por mí mismo –oráculo del Señor–: Por haber obrado así, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único,
te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos.
Todos los pueblos del mundo se bendecirán nombrando a tu descendencia, porque me has obedecido.
Salmo Responsorial
<span style="color: #800080">Salmo 115, 10 y 15. 16-17. 18-19</span>
R. (Sal 114, 9) Siempre confiaré en el Señor.
Aun abrumado de desgracias,
siempre confié en Dios.
A los ojos del Señor es muy penoso
que mueran sus amigos.
R. Siempre confiaré en el Señor.
De la muerte, Señor, me has librado,
a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava;
te ofreceré con gratitud un sacrificio
e invocaré tu nombre.
R. Siempre confiaré en el Señor.
Cumpliré mis promesas al Señor
ante todo su pueblo,
en medio de su templo santo,
que está en Jerusalén.
R. Siempre confiaré en el Señor.
Segunda Lectura
Dios sacrificó a su propio Hijo por nosotros
Dios no quiso ahorrarle a su propio Hijo la cruz ni la muerte sino que las permitió para que fueran el camino de Jesús hacia su victoria y la fuente de la nuestra.
Teniendo en cuenta todo esto, ¿qué podemos decir? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra?
El que no reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos va a regalar todo lo demás con él?
¿Quién acusará a los que Dios eligió? Si Dios absuelve,
¿quién condenará? ¿Será acaso Cristo Jesús, el que murió y después resucitó y está a la diestra de Dios y suplica por nosotros?
Aclamación antes del Evangelio
<span style="color: #800080">Cf Marcos 9,7</span>
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
En el esplendor de la nube se oyó la voz del Padre, que decía:
"Éste es mi Hijo amado; escúchenlo".
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Antes de la Cruz, una visión fugaz de la Gloria
Jesús y sus discípulos más cercanos vislumbran apenas la gloria que Jesús mismo gozará en su Resurrección. Esta visión fugaz los mantendrá de pie, aun con todos sus temores, durante la Pasión del Señor.
Transfiguración de Jesús
Seis días más tarde tomó Jesús a Pedro, a Santiago y a Juan y se los llevó aparte a una montaña elevada. Delante de ellos se transfiguró:
su ropa se volvió de una blancura resplandeciente, tan blanca como nadie en el mundo sería capaz de blanquearla.
Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús.
Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
—Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a armar tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías
–No sabía lo que decía, porque estaban llenos de miedo–.
Entonces vino una nube que les hizo sombra, y salió de ella una voz:
—Éste es mi Hijo querido. Escúchenlo.
De pronto miraron a su alrededor y no vieron más que a Jesús solo con ellos.
Mientras bajaban de la montaña les encargó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos.
Ellos cumplieron aquel encargo pero se preguntaban qué significaría resucitar de entre los muertos.
Oración de los Fieles
Dios no ha ahorrado el sufrimiento a su propio Hijo. Nosotros podemos estar seguros de que, después de semejante don, él no nos rehusará nada de lo que puede darnos. Con fe oramos a nuestro Padre diciéndole: R/¡Escucha a tu Pueblo, Señor!
– Pidiendo confianza en que Dios está también cercano a nosotros en nuestra más profunda soledad y en todas nuestras pruebas, roguemos al Señor.
– Pidiendo valor y constancia para seguir obrando lo que es recto y bueno, aun cuando ello exija dolor y esfuerzo, roguemos al Señor.
– Pidiendo manos y corazones abiertos, dispuestos a ayudar a todos los que sufren, roguemos al Señor.
– Pidiendo paz, que sólo Dios puede dar y que aleja todos los miedos y vacilaciones, roguemos al Señor.
– Pidiendo solidaridad y cooperación en nuestras comunidades cristianas y con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, roguemos al Señor.
– Pidiendo fe confiada en que no estamos perdidos en la muerte sino salvados con Cristo en las manos de Dios, roguemos al Señor.
Señor, si tú estás a nuestro lado, ¿quién puede estar contra nosotros? Tu Hijo Jesús intercede por nosotros. Escúchanos y escúchalo a él, ahora y por los siglos de los siglos.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Te presentamos ahora este pan y este vino.
Transfórmalos en Jesús, tu Hijo,
y ayúdanos a ver, más allá de las apariencias,
a Aquel que es nuestra fuerza y alegría
y el camino que nos une entre hermanos.
Te lo pedimos por medio del mismo Jesucristo, nuestro Señor.
Invitación al Padre Nuestro
Oremos con toda confianza
la oración de Jesús, nuestro Señor,
que intercede por nosotros ante el Padre.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todo pecado
y del temor al cambio
y a hacernos más semejantes a tu Hijo.
Líbranos de nuestros intereses personales
y abre nuestros ojos a las necesidades de los hermanos.
Ayúdanos a trabajar sin miedo
por un mundo donde tus hijos e hijas
puedan vivir, reír y ser felices,
y prepararse con esperanza
para la venida gloriosa de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Porque tuyo es el Reino…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor.
Recibámoslo con fe
y que su Espíritu nos guíe
para cuidarnos los unos a los otros.
R/Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Señor Dios y Padre nuestro:
Junto con los apóstoles,
y con los ojos de la fe,
hemos visto a tu Hijo transfigurado
Que él nos fortalezca a nosotros también
para afrontar las realidades y dificultades de la vida
y comprometernos con mayor audacia
a animar y alegrar la vida de nuestros hermanos
aliviando sus pesadas cargas.
Otórganoslo por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: No hay nada en el mundo que nos prevenga de aceptar el dolor de la renovación, de la transfiguración, es decir, de la transformación en nosotros mismos, en la Iglesia que amamos y en el mundo que nos rodea, ya que Dios está de nuestro lado y Jesús permanece con nosotros. Que Dios nos bendiga, para que logremos ser bendición para todos. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
