SANTÍSIMA TRINIDAD – B

Dios es Amor / “Estoy aquí para ustedes” / Como nuestro pariente de sangre

Ciclo Litúrgico: B

Introducción

Saludo
El amor del Padre,
el perdón y la vida del Hijo
y la fuerza del Espíritu Santo
estén siempre con ustedes.

Introducción del Celebrante (Tres opciones)
1. Dios es Amor
Para la mayoría de nosotros la fiesta de hoy, la Santísima Trinidad, quizás no sea tan apasionante y conmovedora como las de Navidad, Pascua de Resurrección o Pentecostés; sin embargo compendia y sintetiza a todas ellas. Es sencillamente la fiesta de un Dios que nos muestra tres rostros bien queridos. Podemos llamarlo Padre, incluso Papito (Abba), como lo llamó Jesús. Podemos llamarlo hermano nuestro en la persona de Jesús. Podemos llamarlo nuestro aliento en la persona del Espíritu, que es nuestra fuerza, vida y amor que nos mantiene vivos, dinámicos, comprometidos en la construcción de la Iglesia y del mundo. Y, si queremos compendiar a Dios en una sola palabra, decimos con San Juan: “Dios es Amor”. Si Dios nos ama tanto, no podemos menos que amarnos unos a otros.

2. “Estoy aquí para ustedes”
Con demasiada frecuencia mucha gente considera a Dios como un Dios lejano, muy distante y difuso; un Dios al que aparentemente es difícil acercarse, pero a quien retornamos cuando todo lo demás falla. ¡Ojalá fuéramos más conscientes de la realidad! Nuestro Dios está cerca, muy cercano a nosotros. Ya en el Antiguo Testamento él mismo nos reveló su nombre como “Yo soy es que está ahí (para ustedes: Yahwé)”, el Dios que siente nuestras miserias y nuestras alegrías. En Jesús él se hizo uno de nosotros, hermano, compañero en el camino de la vida. Por el Espíritu de Amor vive en nosotros y nos capacita para la comunidad y para el amor… ¡Si solamente fuéramos conscientes de esto! ¡Que Jesús nos despierte hoy a las riquezas y a la belleza de Dios!

3. Como nuestro pariente de sangre
¿Dónde está Dios para nosotros? ¿Acaso lejos, en su alto cielo, y bien alejado de nuestra vida de cada día, como alguien a quien tememos enojar? Hoy, conforme vayamos celebrando esta Fiesta de la Trinidad, honramos a un Dios que vive en nuestra comunidad, que es fruto de una relación de Alianza con nosotros; es decir, un Dios que nos toma como sus familiares de sangre; un Dios tan cercano a nosotros como un cónyuge en el matrimonio; un Dios que nos prefirió a nosotros antes que a su propio Hijo ya que permitió que Jesús diera su vida por nosotros; un Dios que sigue moviéndonos por medio del Espíritu con sus inspiraciones de amor y ternura, de compasión y de valor. Que esta eucaristía sea un himno de acción de gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Nota: Esta es una buena oportunidad para realizar el rito de aspersión con agua, ya que nos recuerda que, en el Bautismo, nos sumergimos en el Amor de la Santísima Trinidad. Para el texto, ver el Sacramentario. Si no hay rito de aspersión, usar el Acto penitencial, a continuación.

Acto Penitencial
Pedimos perdón al Señor nuestro Dios
porque no siempre hemos correspondido a su Amor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú nos has revelado al Dios Padre
que se preocupa profundamente por nosotros:
Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, Tú nos amaste totalmente
entregando tu vida por nosotros.
Cristo, ten piedad de nosotros.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú derramas sobre nosotros
el Espíritu de unidad y de amor.
Señor, ten piedad de nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Dios amable y misericordioso
perdónanos todos nuestros pecados
y ayúdanos a corresponder a tu infinito Amor.
Y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
(Para 1 y 2: El Dios Amor, aquí para nosotros)
Oremos a Dios
como hijos e hijas a quienes él tanto ama.
(Pausa)
Oh Dios, fuente de vida y amor,
te cantamos hoy la alegría de nuestra fe y de nuestro amor.
Tú nos has amado primero,
incluso antes de que pudiéramos conocerte.
Padre de bondad, que nos agracias
con un amor tan tierno como el de una madre,
nuestros corazones reconocen tu grandeza y tu compasión.
Encomiendas a Cristo ser como tu rostro,
nuestro hermano cercano y afable,
que nos salva por su muerte y Resurrección.
Y tu Espíritu nos anima con tu amor y tu fuerza.
Mantén vivo en nosotros ese amor y esa alegría:
¡que nuestra gratitud resuene por toda la Tierra!
Para ti todas nuestras bendiciones y alabanzas
por Jesucristo, nuestro Señor.

(Para 3. Como nuestro pariente de sangre)
Demos gracias a Dios de todo corazón
porque es nuestro Dios cordial y afectuoso.
(Pausa)
Oh Dios Padre nuestro, querido, vivo, afectuoso,
tú eres todo ternura y amistad.
Tú estableciste una unión permanente de vida y de amor
con nosotros en el momento de la Alianza.
Gracias por todo tu Amor.
Gracias por darnos a tu Hijo Jesús como a hermano nuestro
para acompañarnos en el camino de la vida.
Gracias por el Espíritu Santo que nos conduce a ti.
Que él nos guíe también hacia los hermanos
y nos haga ser un solo corazón y una sola alma.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Primera Lectura

Deut 4,32-34.39-40

Dios es el Dios del Pueblo
Dios, el Creador, guió el destino de su Pueblo escogido, Israel, para revelarse a sí mismo como un Dios que salva, y para hacerlo signo de Salvación para todos.

32

Pregunta a la antigüedad, a los tiempos pasados, remontándote al día en que Dios creó al hombre sobre la tierra, si de un extremo al otro del cielo ha sucedido algo tan grande o se ha oído algo semejante.

33

 ¿Qué pueblo ha oído a Dios hablando desde el fuego, como tú lo has oído, y ha quedado vivo?

34

¿Qué dios intentó sacarse para sí un pueblo de en medio de otro con pruebas, signos y prodigios, en son de guerra, con mano fuerte y brazo extendido, con terribles portentos, como hizo el Señor, su Dios, con ustedes contra los egipcios, delante de sus mismos ojos?

39

 Reconoce hoy y aprende en tu corazón que el Señor es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra; y no hay otro.

40

 Guarda los mandatos y preceptos que te daré hoy, así te irá bien a ti y a los hijos que te sucedan y prolongarás la vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar para siempre.

Salmo Responsorial

<span style="color: #3366ff">Salmo 32, 4-5. 6 y 9. 18-19. 20 y 22</span>

R. (12b) Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Sincera es palabra del Señor
y todas sus acciones son leales.
El ama la justicia y el derecho,
la tierra llena está de sus bondades.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
La palabra del Señor hizo los cielos
y su aliento, sus astros;
pues el Señor habló y fue hecho todo;
lo mandó con su voz y surgió el orbe.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen
en su bondad confían;
los salva de la muerte
y en épocas de hambres les da vida.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.
En el Señor está nuestra esperanza,
pues él es nuestra ayuda y nuestro amparo.
Muéstrate bondadoso con nosotros,
Puesto que en ti, Señor, hemos confiado.
R. Dichoso el pueblo escogido por Dios.

Segunda Lectura

Rom 8,14-17

El Espíritu nos hace hijos de Dios
Por medio del Espíritu Santo que vive en nosotros, sabemos que somos hijos del Padre y somos llamados, con el Hijo de Dios, Cristo Resucitado, para ser herederos de un mundo futuro.

14

Todos los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios son hijos de Dios.

15

Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos permite llamar a Dios Abba, Padre.

16

El Espíritu atestigua a nuestro espíritu que somos hijos de Dios.

17

Si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios, coherederos con Cristo; si compartimos su pasión, compartiremos su gloria.

Aclamación antes del Evangelio

<span style="color: #3366ff">Cfr Apocalipsis 1, 8</span>

R. Aleluya, aleluya.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Al Dios que es, que era y que vendrá.
R. Aleluya.

Evangelio

Mt 28,16-20

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo
Nosotros somos los misioneros de Dios, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Venimos de Dios, y con Cristo, vivo en medio de nosotros, tenemos que llevar el mundo a Dios.

16

Se aparece a los Once

Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que les había indicado Jesús.

17

Al verlo, se postraron, pero algunos dudaron.

18

Misión de los discípulos

Jesús se acercó y les habló:
—Me han concedido plena autoridad en cielo y tierra.

19

Vayan y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo,

20

y enséñenles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.

Oración de los Fieles

Con el Espíritu de Jesús vivo en nosotros, oremos a nuestro Dios vivo y afectuoso y digamos: R/ Oh Dios nuestro, bendito seas por siempre.

– Por habernos llamado por nuestro nombre, demos gracias a nuestro Padre del cielo. Para que sepamos darle una respuesta fiel a su Amor, roguemos.
– Por habernos salvado llegando a ser uno de nosotros, compartiendo nuestra vida humana y muriendo por nosotros, demos gracias a Jesús, nuestro Señor. Para que tengamos la fuerza de seguirlo, roguemos.
– Por guiarnos en nuestras horas oscuras, y por fortalecernos con su alegría y amor, demos gracias al Espíritu Santo; implorando nos dé sabiduría y ánimo, roguemos.
– Por los que predican el Evangelio en cualquier parte del mundo. Para que la gente reciba la Buena Noticia de Jesús con entusiasmo y alegría, roguemos.
– Por las madres, los padres y todos los responsables de las familias. Para que, a través de ellos, los niños y los jóvenes descubran la paternidad de Dios y aprendan a amarlo sin reservas, roguemos.
– Por los desalentados y cansados. Para que experimenten la fuerza alentadora del Espíritu Santo, roguemos.

Oh Dios, dador de vida, gozosamente te conocemos y te amamos como Padre, Hijo, y Espíritu Santo. A nosotros, a nuestras comunidades, y a muchos otros hermanos y hermanas, haznos crecer en este conocimiento y amor, ahora y por siempre.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro,
ni nuestras palabras ni todo el ancho mundo
pueden abarcarte o expresarte
y, sin embargo, tu Hijo quiere estar cerca de nosotros
sacramentalmente en estos signos sencillos de pan y vino.
Sé siempre nuestro “Dios-con-nosotros”,
por medio de Jesús, vivo en medio de nosotros,
y danos la fuerza de tu Espíritu
para atestiguar ante todo el mundo
que tú eres nuestro Dios viviente
y que nosotros somos tus hijos,
ahora y para siempre.

Introducción a la Plegaria Eucarística
En la Plegaria Eucarística alabamos a Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo en su inmensa grandeza y, aun así, en su cercanía a nosotros. Por medio de Jesús, y unidos por el Espíritu Santo, ofrecemos nuestra gratitud y alabanza al Padre.

Invitación al Padre Nuestro
Movidos por el Espíritu Santo,
clamamos a Dios nuestro Padre
con las palabras de Jesús, el Hijo.
R/ Padre nuestro…

Oración por la Paz
Señor Jesucristo,
tú prometiste estar con nosotros
hasta el fin del tiempo y del mundo.
Otorga generosamente a tu Iglesia la paz y la unidad
para que ella sea signo para todo el mundo
de tu paciente y solícito Amor.
Tú eres Señor nuestro por los siglos de los siglos.

Invitación a la Comunión
Este es Jesucristo, el Señor,
el Hijo de Dios que se hizo hombre
para hacernos hijos humanos del Padre,
por el Espíritu, fuente de unidad.
Dichosos nosotros, invitados ahora
a la mesa del Señor.
R/ Señor, yo no soy digno...

Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro,
en esta celebración eucarística
graciosamente nos has permitido experimentar de nuevo
cuán cerca de nosotros tú deseas estar por medio de tu Hijo.
Acepta bondadoso nuestra acción de gracias,
y, con la fuerza de tu Espíritu,
ayúdanos a ser para nuestros hermanos
los labios de tu Hijo que profiere palabras de compasión y ánimo,
su corazón que ama y comparte su alegría,
su voluntad que trae libertad y justicia,
sus manos que bendicen
y sus pies que caminan esforzadamente con ellos
en el polvoriento camino hacia ti,
Padre nuestro, por los siglos de los siglos.

Bendición
Por nuestro Bautismo, recibido en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, Dios ha venido a ser nuestro Dios. Él ha hecho suyo nuestro destino y su vida nuestra vida. Que él esté siempre cercano a nosotros y que nos bendiga a todos: el Padre, cuyos hijos e hijas somos, el Hijo, que es nuestro hermano y nuestro Salvador, y el Espíritu Santo que vive en nosotros dándonos vida y amor.

Scroll to Top