PRIMERA SEMANA DE ADVIENTO MIÉRCOLES
PAN PARA LOS POBRES
Introducción
Oración Colecta
Oh Dios y Padre de todos:
Tú sabes cómo la gente siente hambre y sed
de verdad, de amor y de aceptación.
Si nosotros te aceptamos y creemos en ti,
si trabajamos por la venida de tu reino,
colmas nuestra más profunda confianza
y nuestras aspiraciones.
Haz que la copa que tú escancias para nosotros
rebose y se desborde sobre todo tu pueblo,
para que todos te alaben ahora
y por los siglos de los siglos. Amén.
Primera Lectura
Para Isaías el signo peculiar de los tiempos mesiánicos es que, por medio del Mesías, Dios dará a su pueblo abundancia de alimento y de bebida. El pueblo anhela la vida y la paz. Los prisioneros quieren quedar libres, los ciegos quieren ver, los hambrientos quieren pan. Pero también el pueblo tiene hambre de consuelo, amistad, perdón, entendimiento, aceptación, justicia, amor. Estos deseos serán colmados cuando Jesús, el Mesías, llegue a nosotros.
El Señor Todopoderoso ofrece a todos los pueblos, en este monte, un festín de manjares suculentos, un festín de vinos añejados, manjares deliciosos, vinos generosos.
Arrancará en este monte el velo que cubre a todos los pueblos, el paño que tapa a todas las naciones;
y aniquilará la muerte para siempre. El Señor enjugará las lágrimas de todos los rostros y alejará de la tierra entera la humillación de su pueblo –lo ha dicho el Señor–.
Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios, de quien esperábamos que nos salvara: celebremos y festejemos su salvación.
La mano del Señor se posará en este monte, mientras que Moab será pisoteado en su sitio, como se pisa la paja en el agua del estercolero;
Salmo Responsorial
<span style="color: #800080">Salmo 22, 1-3a. 3b. 4.5.6.</span>
R. (6cd) Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
El Señor es mi pastor, nada me falta;
en verdes praderas me hace reposar
y hacia fuentes tranquilas me conduce
para reparar mis fuerzas.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Por ser un Dios fiel a sus promesas,
me guía por el sendero recto;
así, aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú estás conmigo.
Tu vara y tu cayado me dan seguridad.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tú mismo me preparas la mesa,
a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume
y llenas mi copa hasta los bordes.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán
todos los días de mi vida;
y viviré en la casa del Señor
por años sin término.
R. Habitaré en la casa del Señor toda la vida.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Ya viene el Señor para salvar a su pueblo.
Dichosos los que estén preparados para salir a su encuentro.
R. Aleluya.
Evangelio
Jesús es el alimento del pueblo hambriento. Y nosotros, sus discípulos, los llamados a satisfacer el hambre de los hermanos.
Múltiples sanaciones
Desde allí se dirigió al lago de Galilea, subió a un monte y se sentó.
Acudió una gran multitud que traía cojos, lisiados, ciegos, mudos y otros muchos enfermos. Los colocaban a sus pies y él los sanaba.
La gente quedaba admirada al ver que los mudos hablaban, los cojos caminaban, los lisiados quedaban sanados y los ciegos recobraban la vista. Y todos glorificaban al Dios de Israel.
Da de comer a cuatro mil
Jesús llamó a los discípulos y les dijo:
—Me compadezco de esta gente, porque llevan tres días junto a mí y no tienen qué comer. No quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino.
Le dijeron los discípulos:
—¿Dónde podríamos, en un lugar tan despoblado como éste, conseguir suficiente pan para toda esta gente?
Jesús les preguntó:
—¿Cuántos panes tienen?
Ellos le contestaron:
—Siete y algunos pescaditos.
Él ordenó a la gente que se sentara en el suelo.
Tomó los siete panes y los pescados, dio gracias, partió el pan y se lo dio a los discípulos; éstos se los dieron a la multitud.
Comieron todos hasta quedar satisfechos; y con los restos llenaron siete canastos.
Oración de los Fieles
Roguemos para ser profecía en estos tiempos mesiánicos diciendo: R/ Señor, que venga tu Reino.
– Para que todos tengamos los ojos abiertos y así ver y aliviar el hambre y las miserias de nuestros hermanos, roguemos al Señor.
– Para que no solo demos pan o arroz a los hambrientos sino también amor, respeto y justicia, roguemos al Señor.
– Para que lo respetemos y lo veneremos por el alimento que nos da, que nos hace personas más valiosas, roguemos al señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre de todos:
Jesús está en medio de nosotros
y nos prepara su banquete eucarístico
con el pan y el vino de su total donación y entrega.
Que este santo banquete nos colme con su Espíritu
y nos forme como personas que viven no sólo para nosotros mismos,
sino, como Jesús, para los demás,
aun cuando el costo sea penoso.
Que esto sea hoy nuestra ofrenda para ti,
por Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
El Señor a quien estamos esperando, Jesús, tu Hijo,
ha estado ya ahora con nosotros.
Nos ha saciado con el exquisito Pan de Vida
y con el vino alegre de sí mismo.
Que él nos ponga de nuevo en pie,
para que, fortalecidos con su Cuerpo y con su Sangre,
vayamos a los pobres, a los cojos
y a los débiles de nuestro tiempo
para darles el alimento de nuestra comprensión,
nuestra acogida y nuestro amor,
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos, el signo de que Jesús, el Mesías, está presente en su pueblo es que los hambrientos son nutridos y alimentados. Hoy ¿damos nosotros alimento a los hambrientos? ¿Nos preocupamos por los hermanos necesitados, y los ayudamos en su necesidad? Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.
