DECIMONOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO MIÉRCOLES
CORRECCIÓN FRATERNA
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Dios de misericordia y compasión:
Tu Hijo Jesucristo nos ha convocado
aunque somos pecadores.
Nosotros sabemos con gozo que tú nos has perdonado.
Cuando nuestras debilidades amenazan nuestra unidad,
recuérdanos nuestra responsabilidad recíproca.
Que tu Santo Espíritu, creador de unidad,
nos dé la fuerza para cuidarnos unos a otros
y hacer todo lo que esté de nuestra parte
para permanecer como una comunidad viva,
acogedora, y que saber perdonar,
en la que seguimos encontrándonos como hermanos
en el nombre de Jesús, Señor nuestro,
ahora y por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
El Dios santo no puede soportar el mal; así lo proclama Ezequiel a un pueblo infiel. Solamente los marcados con la señal de Dios, los que responden personalmente a su oferta de Salvación, se salvarán. Aun con todo, este Dios es también un Dios que perdona, como todos hemos experimentado personalmente. ¿Qué sería de nosotros sin su perdón?
Sentencia y ejecución
Entonces le oí llamar en voz alta: –Acérquense, verdugos de la ciudad, empuñando cada uno su arma mortal.
Entonces aparecieron seis hombres por el camino de la puerta de arriba, la que da al norte, empuñando mazas. En medio de ellos, un hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura. Al llegar, se detuvieron junto al altar de bronce.
La gloria del Dios de Israel se había levantado del querubín en que se apoyaba, yendo a ponerse en el umbral del templo. Llamó al hombre vestido de lino, con los instrumentos de escribano a la cintura,
y le dijo el Señor: –Recorre la ciudad, atraviesa Jerusalén y marca en la frente a los que se lamentan afligidos por las prácticas idolátricas que en ella se cometen.
A los otros les dijo en mi presencia: –Recorran la ciudad detrás de él hiriendo sin compasión y sin piedad.
A viejos, muchachos y muchachas, a niños y mujeres, mátenlos, acaben con ellos; pero a ninguno de los marcados lo toquen. Empiecen por mi santuario. Y empezaron por los ancianos que estaban frente al templo.
Luego les dijo: –Profanen el templo, llenando sus atrios de cadáveres, y salgan a matar por la ciudad.
Luego la gloria del Señor salió levantándose del umbral del templo y se colocó sobre los querubines.
Vi a los querubines levantar las alas, remontarse del suelo –sin separarse de las ruedas– y salir. Y se detuvo junto a la puerta oriental de la casa del Señor; mientras tanto, la gloria del Dios de Israel sobresalía por encima de ellos.
Eran los seres vivientes que yo había visto debajo del Dios de Israel a orillas del río Quebar, y me di cuenta de que eran querubines.
Tenían cuatro rostros y cuatro alas cada uno, y una especie de brazos humanos debajo de las alas,
su fisonomía era la de los otros que yo había contemplado a orillas del río Quebar. Caminaban de frente.
Salmo Responsorial
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
Bendito sea el Señor,
alábenlo sus siervos.
Bendito sea el Señor,
desde ahora y para siempre. R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
Desde que sale el sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
Dios está sobre todas las naciones,
su gloria, por encima de los cielos. R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
¿Quién hay como el Señor?
¿Quién iguala al Dios nuestro,
que tiene en las alturas su morada,
y sin embargo de esto,
bajar se digna su mirada
para ver tierra y cielo? R.
R. Bendita sea al Señor ahora y para siempre.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Dios ha reconciliado consigo al mundo, por medio de Cristo,
y nos ha encomendado a nosotros
el mensaje de la reconciliación.
R. Aleluya.
Evangelio
El Señor nos enseña la corrección fraterna como un gesto de amor al prójimo que replica el que él tiene con cada uno de nosotros. Pero no una corrección de cualquier manera. Sus consejos son de toda discreción y de toda bondad para evitarnos incurrir en habladurías maliciosas. Y que la corrección parta de una sana autocrítica y del ejemplo personal que ofrecemos a los demás.
Sobre el perdón
Si tu hermano te ofende, ve y corrígelo, tú y él a solas. Si te escucha has ganado a tu hermano.
Si no te hace caso, hazte acompañar de uno o dos, para que el asunto se resuelva por dos o tres testigos.
Si no les hace caso, informa a la comunidad. Y si no hace caso a la comunidad considéralo un pagano o un recaudador de impuestos.
Les aseguro que lo que ustedes aten en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra quedará desatado en el cielo.
Les digo también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa, mi Padre del cielo se la concederá.
Porque donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, yo estoy allí, en medio de ellos.
Oración de los Fieles
– Por todos los que Dios nos ha confiado en nuestras familias, en nuestros pueblos y ciudades, en nuestros lugares de trabajo y en todas nuestras comunidades cristianas. Para que el amor nos inspire siempre a tratarnos mutuamente con tacto fino y sincero y con delicado respeto brindándonos corrección fraterna, roguemos al Señor.
– Por todos nosotros. Para que creamos en la bondad de cada persona y sepamos ser pacientes los unos con los otros, roguemos al Señor.
– Por nuestras comunidades. Para que nos encontremos frecuentemente rogando, en el nombre de Jesús, por las necesidades del mundo y de la Iglesia, ya que Cristo nos asegura que nuestra plegaria será escuchada, roguemos al Señor.
Oración sobe las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú nos llamas a la mesa de tu Hijo
unidos por la Eucaristía:
los débiles con los fuertes, los enfermos con los sanos,
los pobres con los ricos...
Que tu Hijo nos colme aquí
con la plenitud de su presencia
y así sepamos aceptarnos mutuamente
para vivir en paz y amistad
los unos con los otros.
Te ofrecemos nuestra buena voluntad
y te pedimos la fuerza necesaria
para acogernos cordialmente unos a otros
en el amor de Cristo Jesús, Señor nuestro.
Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús ha estado en medio de nosotros
en esta eucaristía,
y nos ha fortalecido con su Cuerpo y su Sangre.
Él asumió nuestras heridas del pecado y las curó.
Que nosotros también sepamos apropiarnos
de las heridas –los sufrimientos– de nuestros hermanos,
como también de sus alegrías y felicidad.
Que tu Hijo Jesús nos enseñe el arte
de atraer de nuevo hacia ti y hacia la comunidad
a los que se alejaron
sin amargarlos ni humillarlos,
sin ningún sentimiento de superioridad hacia ellos
sino con bondad acogedora,
simplemente porque son hermanos nuestros
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Sabemos que somos responsables los unos de los otros. Nuestra comunidad debe ser un lugar en el que podamos hablarnos libre, amable y sinceramente y un “hogar” inclusivo que sale al camino a buscar los que se encuentran perdidos para anunciarles la alegría y comunicarles la Vida de la Buena Noticia. Con la bendición de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
