DECIMONOVENA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO JUEVES
SETENTA VECES SIETE
Ciclo del Leccionario: II
Introducción
Oración Colecta
Dios de misericordia y compasión:
Tú sabes cómo, a veces,
tenemos que arrancar el perdón, con dificultad,
de nuestros corazones rotos.
Quizás no podemos perdonar en otros
lo que condenamos en nosotros mismos.
Somos al mismo tiempo culpables y ofendidos.
Oh Dios, ayúdanos a entendernos a nosotros mismos
para que seamos más comprensivos con los otros
y que aprendamos a perdonar
totalmente y sin reservas
como tú nos perdonas tantas y tan repetidas veces
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.
Primera Lectura
En una acción simbólica bien expresiva, Ezequiel muestra cómo el rey y la mayoría del Pueblo tendrán que ir al exilio porque permanecen rebeldes contra Dios.
PRIMERA ACTIVIDAD DEL PROFETA II
Al destierro
Me dirigió la palabra el Señor:
–Hijo de hombre, vives en medio de un pueblo rebelde: tienen ojos para ver, y no ven; tienen oídos para oír, y no oyen; porque son un pueblo rebelde.
Tú, Hijo de hombre, prepara el equipaje del destierro y emigra a la luz del día, a la vista de todos; a la vista de todos emigra a otro lugar, a ver si lo ven; porque son un pueblo rebelde.
Saca tu equipaje, como quien va al destierro, a la luz del día, a la vista de todos, y tú sal al atardecer, a la vista de todos, como quien va al destierro.
A la vista de todos abre un boquete en el muro y saca por allí tu equipaje.
Cárgate al hombro tu equipaje, a la vista de todos sácalo en la oscuridad; tápate la cara, para no ver la tierra, porque hago de ti una señal para la casa de Israel.
Yo hice lo que me mandó: saqué mi equipaje como quien va al destierro, a la luz del día; al atardecer abrí un boquete en el muro, lo saqué en la oscuridad, me cargué al hombro mi equipaje, a la vista de todos.
A la mañana siguiente me dirigió la palabra el Señor:
–Hijo de hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, el pueblo rebelde, qué es lo que hacías?
Pues respóndeles: Esto dice el Señor: Este oráculo contra Jerusalén va por el príncipe y por toda la casa de Israel que vive allí.
Di: Soy señal para ustedes; lo que yo he hecho se lo harán ellos: irán –cautivos– al destierro.
El príncipe que vive entre ellos se cargará al hombro el equipaje, abrirá un boquete en el muro para sacarlo, lo sacará en la oscuridad y se tapará la cara para que no lo reconozcan.
Salmo Responsorial
R. (cf. 7c) Perdona a tu pueblo, Señor.
Los israelitas provocaron al Dios altísimo
y se rebelaron contra él,
negándose a guardar sus preceptos.
Desertaron y lo traicionaron, como sus padres,
fallaron como un arco mal hecho. R.
R. Perdona a tu pueblo, Señor.
En sus colinas lo encolerizaban,
con sus ídolos provocaban sus celos.
Dios lo oyó y se indignó,
y rechazó totalmente a Israel. R.
R. Perdona a tu pueblo, Señor.
Mandó sus soldados al cautiverio
y el arca de la alianza, a las manos enemigas;
entregó su pueblo a la espada,
encolerizado contra su heredad. R.
R. Perdona a tu pueblo, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
R. Aleluya, aleluya.
Señor, mira benignamente a tus siervos
y enséñanos a cumplir tus mandamientos.
R. Aleluya.
Evangelio
Dios es bondadoso y misericordioso por naturaleza, dispuesto a perdonar, leal, que irradia generosidad. Para él el perdonar es natural. Pero en nuestro caso, las cosas son más complicadas. ¿Somos nosotros por naturaleza comprensivos y estamos dispuestos siempre a perdonar?
Entonces se acercó Pedro y le preguntó:
—Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces?
Le contestó Jesús:
—No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Parábola sobre el perdón
Por eso, el reino de los cielos se parece a un rey que decidió ajustar cuentas con sus sirvientes.
Ni bien comenzó, le presentaron uno que le adeudaba diez mil monedas de oro.
Como no tenía con qué pagar, mandó el rey que vendieran a su mujer, sus hijos y todas sus posesiones para pagar la deuda.
El sirviente se arrodilló ante él suplicándole: ¡Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré!
Compadecido de aquel sirviente, el rey lo dejó ir y le perdonó la deuda.
Al salir, aquel sirviente tropezó con un compañero que le debía cien monedas. Lo agarró del cuello y mientras lo ahogaba le decía: ¡Págame lo que me debes!
Cayendo a sus pies, el compañero le suplicaba: ¡Ten paciencia conmigo y te lo pagaré!
Pero el otro se negó y lo hizo meter en la cárcel hasta que pagara la deuda.
Al ver lo sucedido, los otros sirvientes se sintieron muy mal y fueron a contarle al rey todo lo sucedido.
Entonces el rey lo llamó y le dijo: ¡Sirviente malvado, toda aquella deuda te la perdoné porque me lo suplicaste!
¿No tenías tú que tener compasión de tu compañero como yo la tuve de ti?
E indignado, el rey lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Así los tratará mi Padre del cielo si no perdonan de corazón a sus hermanos.
Sobre el divorcio
Cuando Jesús terminó este discurso, se trasladó de Galilea a Judea, al otro lado del Jordán.
Oración de los Fieles
– Por la Iglesia, para que siga dedicándose a llevar reconciliación a sus miembros y al mundo entero, roguemos al Señor.
– Por todas las iglesias cristianas, para que un día nos unamos en un mismo amor por Cristo, roguemos al Señor.
– Por aquellos matrimonios en que los cónyuges viven, uno junto al otro, sin mucho amor y sin comunicarse. Para que lleguen a perdonarse, y a comprenderse de nuevo, roguemos al Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Nos juntamos alrededor de esta mesa santa
para hacer memoria, por medio del pan y vino,
de que tu Hijo entregó su Cuerpo
y derramó su Sangre para reconciliarnos contigo.
Que sea ésta una celebración
de perdón y de paz con unos y otros.
Ayúdanos a amarnos unos a otros con un amor sincero
y a perdonarnos mutuamente con un corazón grande.
ya que tú nos has perdonado tanto,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú quieres que vivamos no en el pasado, sino para el futuro.
Con la fuerza de este sacramento de unidad y perdón,
danos corazones suficientemente generosos
para olvidar el pasado, que pasado está,
y para construir todos juntos una comunidad de paz
en la que nos aceptemos unos a otros
con nuestras cualidades y nuestros defectos,
como tú nos aceptas a nosotros,
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Hoy Dios nos ha dicho muy claramente que tenemos que llegar a ser como él, para olvidar y perdonar, para sanar y cuidar, seguros de que, en el proceso, también nosotros sanaremos. Que Dios esté con ustedes y les imparta la bendición, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y que permanezca para siempre.
