CUARTO DOMINGO DE CUARESMA – B
Tanto amó Dios al mundo… / Mirando a la Cruz
Ciclo Litúrgico: B
Introducción
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Hemos sido salvados por la gracia,
no por mérito alguno de nuestra parte
sino por un don de Dios.
Somos obra de arte de Dios,
creados en Cristo Jesús.
Que la gracia y la luz de Jesús, el Señor,
esté siempre con ustedes.
Introducción del Celebrante (Dos opciones)
1. Tanto amó Dios al Mundo…
Si fuéramos realmente conscientes de cuánto nos ama Dios, ¿cómo podríamos permanecer indiferentes o rehusarnos a él? Si creyéramos firmemente que él nos encuentra dignos de amor, ¿cómo no le daríamos nuestra total confianza? Él no nos fuerza; simplemente nos invita: “Éste es mi amor hacia ti; ¿te gustaría aceptarme a mí y mi amor? ¿Te gustaría compartir mi amor con otros amándolos a ellos también?” ¿Qué respuesta le damos a Dios por medio de Jesucristo?
2. Mirando a la Cruz
En nuestras Iglesias y en la mayoría de nuestros hogares damos al crucifijo un lugar de honor. ¿Quiere ello decir que debemos amar las cruces? No, pero indica que creemos en nuestro Señor crucificado y que lo amamos de corazón. Él nos salvó por su Cruz y Resurrección. Él es la señal de que Dios nos ama tanto que nos entregó a su único Hijo para traernos perdón, vida y amor. Es a Cristo Jesús a quien alzamos nuestra mirada buscando fuerza para llevar las cruces que vienen a nosotros en las dificultades de la vida. También lo miramos buscando alegría y felicidad en nuestro peregrinar y buscando vida eterna más allá de la muerte. Con Jesús celebramos ahora, en la eucaristía, el memorial de su sacrificio en la Cruz y de su Resurrección.
Acto Penitencial
Pidamos perdón al Señor
por las veces que hemos rechazado su amor
o hemos permanecido indiferentes a él.
(Pausa)
Señor Jesús, tu Padre nos ama con tanto amor
que te entregó a nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tu Padre te envió al mundo
no para condenarnos sino para salvarnos
a nosotros y a toda la humanidad.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú quieres que brindemos a otros
el gran Amor con que tú nos amas.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Oh Dios misericordioso, confiamos en tu Amor
que perdona todos nuestros pecados.
Renuévanos en tu Amor y llévanos a la vida eterna.
Oración Colecta
Oremos a nuestro Padre
que, con Cristo, nos llevó a la vida.
(Pausa)
Oh Padre, lleno de gracia y de amor:
Tú todavía amas tanto al mundo
que sigues entregándole a Jesús, tu Hijo.
Que su cruz sea para nosotros la señal
de que estás con nosotros
en días de miseria y aflicción.
Que podamos mirarlo como modelo y aprender de él
a abrir nuestras manos y corazones unos a otros
y a darnos a nosotros mismos con nuestros dones.
Y que esto ayude al mundo a percibir tu luz
y a aceptar al Hijo que nos has dado,
Jesucristo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.
Primera Lectura
Dios da a su Pueblo nuevas oportunidades
Incluso cuando Dios castiga a su Pueblo con el exilio, no puede menos que ser fiel. Utiliza incluso a los paganos para hacerlos regresar a la Tierra Prometida.
Error: Libro o formato no reconocido: 2 Cr 36,14-16,19-23
Salmo Responsorial
<span style="color: #800080">Salmo 136, 1-2. 3. 4-5. 6</span>
R. (6a) Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Junto a los ríos de Babilonia nos sentábamos
a llorar de nostalgia;
de los sauces que esteban en la orilla
colgamos nuestras arpas. R.
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Aquello que cautivos nos tenían
pidieron que cantáramos.
Decían los opresores:
“Algún cantar de Sión, alegres, cántennos”. R.
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Pero, ¿cómo podríamos cantar
un himno al Señor en tierra extraña?
¡Que la mano derecha se me seque,
si de ti, Jerusalén, yo me olvidara! R.
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
¡Que se me pegue al paladar la lengua,
Jerusalén, si no te recordara,
o si, fuera de ti,
alguna otra alegría yo buscara! R.
R. Te recuerdo, Señor, es mi alegría.
Segunda Lectura
Todo es gracia
Por su gracia, Dios ha salvado a su Pueblo del exilio. Y por la gracia de Dios, su Hijo Jesús nos salva de la muerte del pecado. En el plan de Dios todo es un don gratuito de gracia.
Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo,
estando nosotros muertos por nuestros pecados, nos hizo revivir con Cristo –¡ustedes han sido salvados gratuitamente!–;
con Cristo Jesús nos resucitó y nos sentó en el cielo,
para que se revele a los siglos venideros la extraordinaria riqueza de su gracia y la bondad con que nos trató por medio de Cristo Jesús.
Porque ustedes han sido salvados por la fe, no por mérito propio, sino por la gracia de Dios;
y no por las obras, para que nadie se gloríe.
Somos obra suya, creados por medio de Cristo Jesús para realizar las buenas acciones que Dios nos había asignado como tarea.
Aclamación antes del Evangelio
<span style="color: #800080">Juan 3, 16</span>
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Evangelio
Salvador por la Cruz de Cristo
Cristo tenía que morir en la cruz para salvarnos y darnos vida eterna, ya que Cristo vino no a condenarnos sino a salvarnos.
Como Moisés en el desierto levantó la serpiente, así ha de ser levantado el Hijo del Hombre,
para que quien crea en él tenga vida eterna.
Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no muera, sino tenga vida eterna.
Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.
El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.
El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz. Y es que sus acciones eran malas.
Quien obra mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para que no delate sus acciones.
En cambio el que obra conforme a la verdad se acerca a la luz para que se vea claramente que todo lo hace de acuerdo con la voluntad de Dios.
Oración de los Fieles
Oremos con la mayor confianza a Dios, nuestro Padre misericordioso, que nos amó
tanto que nos entregó a su Hijo Jesucristo, y digamos: R/ Señor, ten piedad de tu Pueblo.
– Por el Papa, los obispos, los sacerdotes y las personas consagradas. Para que sepan predicar eficazmente el valor redentor de la cruz, roguemos al Señor.
– Por la comunidad plena de la Iglesia. Para que realmente llegue a ser para todos los hombres signo del amor, la esperanza y el perdón de Dios, roguemos al Señor.
– Por los gobernantes de las naciones y por todos los líderes políticos y económicos. Para que, por su preocupación por la justicia y la paz, sirvan para la felicidad de todos, roguemos al Señor.
– Por los muchos desarraigados de hoy: las víctimas de la guerra y la opresión, los refugiados, los presos, los emigrantes, los sin techo… Para que encuentren esperanza en nuestra defensa de la justicia, y que sientan el calor de nuestro amor, plasmado en nuestro compromiso por mejorar su dolorosa situación, roguemos al Señor.
– Por nosotros aquí reunidos, y por todas las comunidades cristianas. Para que la bondad y el amor de Jesús estén vivos y se hagan visibles en nosotros, porque Dios ha sido bueno con todos, roguemos al Señor.
Señor Dios nuestro, día tras día experimentamos tu increíble Amor. Escucha nuestras súplicas y haznos dignos de tu Amor, por medio de Jesucristo Nuestro Señor.
Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Hoy traemos a tu altar el pan duro
de nuestra cobardía e incapacidad
y el vino, agriado ya, de nuestros pecados.
Al unirnos a Jesús en su sacrificio,
te pedimos que se conviertan en Pan de gracia y de fuerza
y en vino de alegría y esperanza.
Que tu Hijo se quede con nosotros
para ensanchar y profundizar nuestro amor
y para que sepamos caminar juntos
por el camino de la amistad y de la vida.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.
Introducción a la Plegaria Eucarística
Celebramos ahora el sacrificio de Jesús: él se alzó en la cruz por nosotros. Él es el don del Padre para nosotros. Demos gracias al Padre.
Invitación al Padre Nuestro
Agradecidos por el amor que el Padre nos mostró en Jesús,
nos dirigimos a él con toda confianza,
recitando la oración del mismo Jesús, nuestro Señor:
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de nuestros pecados,
de nuestra cobardía ante el temor al cambio
y ante la defensa de los débiles.
Danos la seguridad de que tú estás con nosotros
en nuestras luchas y tentaciones,
y de que tu gracia puede vencer al mal.
Que marchemos hacia adelante sin miedo
y que preparemos la venida gloriosa entre nosotros
del Reino de bondad y misericordia
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/ Tuyo es el Reino…
Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Hijo mismo de Dios,
que fue alzado en la cruz
para salvarnos y para darnos vida y luz.
Dichosos nosotros de recibirlo ahora
en la comunión.
R/ Señor, no soy digno…
Oración después de la Comunión
Oh Dios, paciente y misericordioso:
Tú no nos condenaste,
sino que resucitaste a Jesús tu Hijo
sobre nosotros y en medio de nosotros
para alzarnos de nuestra culpa y tristeza.
Que con él, y en gratitud a ti,
seamos gracia y bondad unos para con otros.
Ayúdanos a levantar a los caídos y desolados,
a vendar sus heridas,
y a hacer posible que sean
plenamente humanos y libres como hijos tuyos,
en Jesucristo nuestro Señor.
Bendición
Hermanos: Dios ha sido muy bueno con nosotros. Todo lo que tocamos es gracia que procede de él. Hemos experimentado de nuevo su gran Amor en esta celebración eucarística. Con Jesús entre nosotros, ¿acaso no podemos intentar que este amor sea mutuo y tangible, especialmente para con los necesitados y afligidos? Que la bondad de Dios brille en nosotros. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
