19 de Diciembre – Feria privilegiada de Adviento

Ciclo del Leccionario: I,II

Introducción

ENVIADOS EN MISIÓN

Oración Colecta
Señor, Dios todopoderoso:
Ningún ángel anunció nuestro nacimiento,
pero muy bien sabemos que tú nos amabas
aun antes de haber nacido,
y que tú nos llamas ahora a preparar
la venida más plena de tu Hijo en medio de nosotros.
Revela tu fuerza en nuestra debilidad,
conserva viva nuestra esperanza en el futuro,
para que sepamos vencer todos los obstáculos
que entorpecen el establecimiento del reino
de Jesucristo nuestro Señor.

Salmo Responsorial

Salmo 70, 3-4a. 5-6ab. 16-17

R. (cf 8a) Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, sé para mí un refugio,
ciudad fortificada en que me salves.
Y pues eres mi auxilio y mi defensa,
líbrame, Señor, de los malvados.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Señor, tú eres mi esperanza;
desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre,
yo me apoyaba en ti y tú me sostenías.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.
Tus hazañas, Señor, alabaré,
diré a todos que sólo tú eres justo.
Me enseñaste a alabarte desde niño
y seguir alabándote es mi orgullo.
R. Que mi boca, Señor, no deje de alabarte.

Aclamación antes del Evangelio

R. Aleluya, aleluya.
Retoño de Jesé, que brotaste como señal para los pueblos,
ven a librarnos y no te tardes.
R. Aleluya.

Evangelio

Lucas 1, 5-25

Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.

Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.

Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.

Pero Zacarías replicó: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada”. El ángel le contestó: “Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.

Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.

Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí”.

Oración de los Fieles

Te pedimos, Señor, que nos ayudes a confiar en tus planes y en tu providencia. Y así te decimos: R/Aumenta, Señor, nuestra fe.

– Por los matrimonios que esperan el nacimiento de un hijo, para que lo acojan gozosamente como regalo incomparable de Dios, roguemos al Señor.
– Por tantas familias que encuentran dificultades para ser fecundas y multiplicar la vida, para que confíen en el poder de tu gracia y de tus designios siempre perfectos, roguemos al Señor.
– Por los padres, para que inspiren continuamente a sus hijos a poner sus cualidades y talentos al servicio de los demás, roguemos al Señor.
– Por los profetas de hoy, para que el Espíritu Santo los mueva a despertarnos, con la palabra de Dios, de nuestra apatía y falta de interés por el bien de la comunidad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú habías preparado a tu pueblo escogido
para acoger a tu Hijo como al Salvador.
Y, sin embargo, su venida los tomó por sorpresa
y ellos no lo reconocieron.
Que el grito de los profetas de hoy nos despierte,
para que lo reconozcamos y lo acojamos
no solo en estos signos de pan y vino, en la eucaristía,
sino también en los pobres y excluidos
que tienen hambre y sed de alimento, de justicia, de paz,
y, quizás sin saberlo, de dignidad humana como hijos tuyos.
Concédenoslo por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios de esperanza:
Somos hoy tu nuevo pueblo.
Y, sin embargo, con frecuencia escondemos
la presencia de Jesús, tu Hijo,
por nuestra falta de entrega
y por nuestra pasiva conformidad.
Que tu Hijo escancie en nuestra copa para nosotros
el vino joven de la esperanza,
para romper con nuestros caminos trillados
y nuestra rutina establecida.
Ayúdanos a ser un pueblo nuevo
que, aun siendo pequeño y frágil,
revele que alguien más importante
está en medio de nosotros:
tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Navidad está ya cerca. Que nuestras oraciones se vuelvan más insistentes, para que nos entreguemos con mayor entusiasmo a llevar el amor y la justicia de Cristo a nuestro frío y áspero mundo. Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

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