Hebreos
Capítulo 3
Jesús y Moisés
Por tanto, hermanos, ustedes que han sido consagrados y participan de una misma vocación celestial, piensen en Jesús el apóstol y sumo sacerdote de nuestra confesión.
Él es fiel ante Dios que lo nombró para este servicio, como lo fue Moisés entre [todos] los de su casa.
Más digno de gloria que Moisés, como es más estimado el constructor que la casa.
Toda casa es construida por alguien, pero el constructor de todo es Dios.
Entre todos los de su casa, Moisés era un servidor fiel, para garantizar lo que Dios iba a decir.
Cristo, en cambio, como Hijo, está a cargo de la casa; y esa casa somos nosotros si mantenemos la confianza y nos gloriamos de la esperanza.
El hoy de Dios
En consecuencia, como dice el Espíritu Santo: Si hoy escuchan su voz,
no endurezcan el corazón como cuando lo irritaron, el día de la prueba en el desierto,
cuando sus padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis acciones
durante cuarenta años. Por eso me indigné contra aquella generación y dije: Su mente siempre se extravía y no reconoce mis caminos.
Por eso, airado, juré: No entrarán en mi descanso.
Cuidado, hermanos: que ninguno de ustedes tenga un corazón perverso e incrédulo, que lo haga desertar del Dios vivo.
Antes bien, anímense unos a otros cada día, mientras dura este hoy, para que nadie se endurezca seducido por el pecado.
Porque, si mantenemos firme hasta el fin nuestra posición del principio, seremos compañeros de Cristo.
Cuando dice: Si hoy escuchan su voz, no endurezcan el corazón, como cuando lo irri-taron.
¿Quiénes, aunque oyeron, lo irritaron? Ciertamente, todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés.
¿Con quiénes se indignó durante cuarenta años? Ciertamente, con los pecadores, cuyos cadáveres cayeron en el desierto.
¿A quiénes juró que no entrarían en su descanso? Ciertamente a los rebeldes;
y así vemos que por su incredulidad no pudieron entrar.

Comentarios
Jesús y Moisés.
El predicador dirige ahora su mirada a los cristianos a quienes llama «consagrados», es decir, los que han experimentado la salvación por medio de la muerte de Cristo. Los invita a comparar la autoridad de la Palabra de salvación traída por este Apóstol (cfr. Sal 22,23; Mal 2,7) y Sumo Sacerdote con la del mediador más importante del pueblo de Israel, Moisés. Ambos, Moisés y Cristo son fieles y gozan de la comunicación íntima con Dios. Pero una es la intimidad del siervo y otra la del Hijo.
El hoy de Dios.
Toda la carta a los Hebreos es una exhortación a la comunidad cristiana a mantener su fidelidad a Cristo. Parece que el entusiasmo y la vitalidad cristiana de las primeras generaciones había decaído, dando paso al desaliento, al cansancio y quizás a la duda. En lugar de exhortar con sus propias palabras hace que les hable directamente el Espíritu Santo a través del Salmo 95,7-11.