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Sobre la oración

Ante todo recomiendo que se ofrezcan súplicas, peticiones, intercesiones y acciones de gracias por todas las personas,

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especialmente por los soberanos y autoridades, para que podamos vivir tranquilos y serenos con toda piedad y dignidad.

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Eso es bueno y aceptable para Dios nuestro salvador,

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que quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad.

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No hay más que un solo Dios, no hay más que un mediador, Cristo Jesús, hombre, él también

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que se entregó en rescate por todos conforme al testimonio que se dio en el momento oportuno;

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y yo he sido nombrado su heraldo y apóstol –digo la verdad sin engaño–, maestro de los paganos en la fe y la verdad.

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Sobre el comportamiento

de los hombres y las mujeres 

Quiero que los hombres oren en cualquier lugar, elevando sus manos a Dios con pureza de corazón, libres de enojos y discusiones.

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Asimismo que las mujeres se arreglen decentemente, se adornen con modestia y sobriedad: no con peinados rebuscados, con oro y perlas, con vestidos lujosos, sino con buenas obras,

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como corresponde a mujeres que se profesan religiosas.

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La mujer debe escuchar la instrucción en silencio con toda sumisión.

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No acepto que la mujer dé lecciones ni órdenes al varón. Quiero que permanezca callada,

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porque Adán fue creado primero y Eva después.

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Adán no fue engañado, la mujer fue seducida y cometió la transgresión.

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Pero se salvará por la maternidad, si mantiene con modestia la fe, el amor y la santidad.

Comentarios

2:1 - 2:7

Sobre la oración.

Otra de las preocupaciones de las cartas pastorales es dictar normas concretas para la ordenación y buen funcionamiento de las comunidades. Y entre los deberes de la comunidad, la oración ocupa el primer puesto. Es interesante conocer, a través de los consejos del autor de la carta, cuánto, cómo y por quién rezaban aquellos cristianos. Lo primero que aparece es la espontaneidad e intensidad carismática de su oración: «súplicas, peticiones, intercesiones, acciones de gracias» (1). Lo segundo, su carácter misionero y universal: «por todas las personas» (1), para «que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad» (4), pues esta voluntad salvadora de Dios abraza a todos, paganos y cristianos, en el único mediador de la salvación, «Cristo Jesús, hombre él también» (5).

2:8 - 2:15

Sobre el comportamiento de los hombres y las mujeres.

Lo que el autor de la carta dice ahora a propósito de las mujeres, se limita en primer lugar a las asambleas de oración; después se extiende a consideraciones más generales. El grado notable de igualdad entre hombres y mujeres que se dio en las asambleas litúrgicas de las Iglesias fundadas por Pablo, no duró mucho, por desgracia.


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